Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de febrero de 2012

Nuevo Dresden (y van 8)

Laespadaenlatinta.com me da la alegría de la semana anunciando la salida del nuevo Harry Dresden -Culpable- que, todo sea dicho, esperaba con ansia. Pensaba que lo tendría para navidades, pero bueno, más vale tarde que nunca. No acabo de entender el bajo ritmo de edición de la serie (en USA van por la 13, y esta se editó en 2006!), o quizá es que soy un prisas, pero al ver que también se ha reeditado el segundo volumen se me despierta la esperanza de que sí hay bastantes fans del jodío mago. Lo que no sé es si será del mismo tamaño que la edición normal o más baja, como pasó con el primero (costar, cuesta lo mismo).
Y eso que el último libro no me gustó demasiado. A ver qué tal andará este. 
Como siempre que se trata de un producto de La Factoría, también habrá que ver la corrección y la traducción...


http://www.laespadaenlatinta.com/2012/02/novedades-harry-dresden-desde-la.html

domingo, 28 de agosto de 2011

Lecturas de espada mellada (Sesenta mil satanases, 77)

De un tiempo a esta parte, los libros que mayoritariamente han pasado por mis manos pertenecen al género de la fantasía medieval. La temática está en plena efervescencia gracias a la recreación para la televisión del paradigma de la moderna fantasía heroica, o lo que es lo mismo, la saga de la Canción de Hielo y Fuego, del norteamericano George RR Martin.
Al buen conocedor y aficionado a esta materia no voy a descubrirle nada, al profano, señalarle apenas que, aunque nunca han faltado títulos en este género literario, desde que el cimmerio Conan comenzase sus andaduras en la Edad Hiboria, sin duda el éxito de las películas basadas en la obra de Tolkien han creado nuevos lectores ávidos de leer historias repletas de batallas, aventuras épicas, héroes y monstruos. Un boom que no se repetía desde que los primeros jugadores de rol compaginaron los dados de veinte caras con El Señor de los Anillos, las crónicas de la Dragonlace de Margaret Weis y Tracy Hickman, las novelas de R.A. Salvatore y las desventuras de Elric de Melniboné, de Michael Moorcock.
Y aunque desde La espada rota, de Paul Anderson, a Andrej Sapkowski y su saga de Geralt de Rivia ha llovido mucho, parece que esta última oleada de éxito -comparable al auge de la literatura zombi que estamos viendo desde hace un par de años- está asentando definitivamente el género en las librerías, más allá de ser carne para frikis y/o adolescentes. Sólo espero que el recién llegado no se desanime con la elección del folletín insufrible e inacabado de Martin, más cercano a Falcon Crest que a Ursula K. LeGuin o Robert Jordan, y acabe por abandonar, en el tomo III, tanto a los personajes de los Siete Reinos, como a todo un universo de posibilidades.
Señalaba antes a los zombis, y su conquista, lenta e inexorable, de los estantes en las librerías. La nueva fantasía épica, heroica, adulta, o como pijo quieran decirle, comparte con los muertos vivientes ese regusto realista y oscuro más propio de la novela negra que de los amanerados elfos de Rivendel, y que tanto, tanto, tanto vende en épocas de crisis. Atrás quedaron los juegos florales, los malvados caballeros negros y los eternos viajes campbellianos del héroe, al menos tal y como los conocíamos. Porque ahora esos mismos temas aparecen trastocados, reconstruidos bajo un prisma llamémoslo tarantiniano -quizás incorrecto pero muy descriptivo-, más acorde a nuestros tiempos. Considero en gran parte responsable de este trabajo de desmitificación, y de reescritura de un género que se estaba acartonando a Terry Pratchet y su Mundodisco; sin duda, al verter su corrosivo sentido del humor, su cabronía, a los arquetipos tolkianos, lovecraftianos y todo lo que se menee, da el primer paso y abre nuevos caminos para interpretar de otras formas -como ya hizo antes la New Wave en la ciencia ficción en los 60- el mundo fantástico.
Lo que leemos ahora, con Joe Abercrombie como adalid de esta nueva ola de autores, posee un realismo sucio que se plasma en la descripción de personajes de moral ambigua -o directamente unos hijos de puta como Thomas Covenant, el Incrédulo-, así como de la vida en la corte, en las aldeas, en el campo de batalla. Héroes, o antihéroes, que matan inocentes, cagan, follan, traicionan por cuatro perras y maldicen, descreídos, contra reyes y magos. A fin de cuentas, qué hay más épico que enfrentarse a la miseria humana.
Así, pues, esta literatura ha cubierto el hueco que tradicionalmente correspondía a las novelas policiacas, las cuales parecen acusar el golpe del efímero boom sueco, y nos entretienen con una ficción adulta, pelín siniestra, donde ha lugar la conspiración, la mentira, la violencia, transportada ahora a una imaginaria tierra medieval tan próxima a nuestro imaginario folklórico como lejana a nuestra comprensión urbanita occidental. Libres del corsé de la espada mágica y cantarina, caballeros del ciclo artúrico y del Ojo de Sauron, estas novelas nos acercan, en su lugar, a malvados banqueros y gobernantes, a violadores y asesinos como protagonistas, y espadas melladas, listas para verter la sangre de quien se interponga en el camino de la venganza. Toda una gozada para los que pensaban, en su día, que Frodo era un poco papafrita.

martes, 14 de junio de 2011

"Para mujeres"

Echaba un ojo a las librerías el pasado sábado, después de comprarme La voz de las espadas (La primera Ley-1), de Joe Abercrombie, cuando de repente una frase promocional en la portada de un libro llamó mi atención:
"EL CÓDIGO DA VINCI PARA MUJERES"
El libro en cuestión es Juliet, de Anne Fortier, aparentemente una revisitación romanticona de Romeo y Julieta en clave de juego de pistas y misterio a lo Dan Brown. La frase se atribuye al Publisher Weekley.

Como iba con mi señora le pregunté qué le parecía la frase, y no le hizo mucha gracia, no. Más que nada, le pasaba igual que a mí, que no sabía cómo interpretarla.
El texto original señala que "Fortier navigates around false clues and twists, resulting in a dense, heavily plotted love story that reads like a Da Vinci Code for the smart modern woman", que traducido -con ayuda de google- viene a ser "Fortier navega alrededor de pistas falsas y giros, dando lugar a una densa y fuertemente trazada historia de amor que se lee como un Código Da Vinci para la mujer moderna e inteligente".
Y aquí sí que entiendo lo que quiere decir, lo que decía antes,una novela romántica mezclada con un juego de pistas en un escenario como Roma.
En cambio, la simplificada frase estampada en la portada de la edición española, más que adular a la lectora tipo de este género, el romántico, parece dar a entender algo más rancio, más sospechoso... ¿O no? Quizá sólo sea una impresión mía, que tengo la mirada sucia...
En todo caso, me pregunto para cuándo un Codigo Da Vinci para hombres...
Una sinopsis: http://laplazapapeleria.blogspot.com/2011/05/anne-fortier-juliet.html
http://www.planetadelibros.com/juliet-libro-49031.html

viernes, 6 de mayo de 2011

Adiós, brujo

Por fin he terminado La dama del lago, el último tomo (editado en dos) de la Saga de Geralt de Rivia, al que acusé de flojeras, en su día, de oídas. Una vez leído, y con el calentón de tener las últimas líneas todavía bullendo en la cabeza, creo entender qué le disgustó a este amigo, que suele tener, en estas lides literarias, muy buen criterio.
Lo que digo aquí, y lo defiendo a fuego y acero, es que Andzrej Sapkowski le da sopas con onda a George RR Martin, y si el primero, en lugar de polaco fuera americano, tendríamos merchandising del brujo Geralt hasta en los calzones. Libros bien escritos, mejor traducidos -aunque habré de contar algo al respecto del libro 7-, épicos y divertidos, entretenidos. Una puta obra maestra que, al contrario que la del coñazo de la canción de hielo y fuego, sí está completa.
Sapkowski lidia con la presión de hacer un final que no defraude a los fans, pero con la chulería del que se sabe objeto de deseo y quiere lucirse ante el tendido, nos pega un vacile de chorrocientas mil páginas al más puro Stephen King, con la aparición de decenas de personajes que aportan otros tantos puntos de vista, ojo, incluso desde el futuro, y de otras dimensiones. Aquí, quizás, peca como el Maestro de Maine, de excesividad, porque lo siento, pero la verdad es que me sobran perspectivas, desventuras chorras y tramas paralelas que no van a ningún lado. No me atrevo a decir que estén de relleno, para que la cosa abulte, pero casi casi. La historia central, la de Ciri, la Elegida, la Neo de la saga, se ve constantemente interrumpida por pequeños "cuadros", tantos que uno no sabe ya si saltárselos, como cuando cantan los putos elfos del Señor de los Anillos. Joder, lo que cantan en los libros de Tolkien... Menos mal que uno ya está curtido en estas lides gracias al Rey del Terror, y si de algo me ha servido zamparme La canción de Susannah o los Tommynockers, ha sido para armarme de paciencia y no lanzarlo por la ventana a las primeras de cambio.
Los que somos más del brujo que de la puta cría, a la que llegas a cogerle manía en los tomos 5 y 6, pues nos volvemos a ciscar en ella casi en toda la primera mitad del libro, o sea, el 7.1, en donde Cirila se nos revela como la encarnación del japo de Héroes, aunque la cosa remonta para bien en  el 7.2. Para nuestra desgracia, el de Rivia no pasa de secundario de lujo, y solo retoma algo de protagonismo al final, donde incluso se nos ofrecen algunas escenas dignas de las primeras aventuras de Geralt.
Por sus muchas más virtudes que defectos, el libro es bueno. Merece la pena el esfuerzo, y la resolución es muy digna y deja un buen sabor de boca. Se disfruta con las batallas, con el sentido del humor cabronías del polaco, con las reflexiones sobre la guerra y el mal... Y los detallicos, cientos, anacrónicos, que aportan esa chispa característica de toda la saga. Detalles algunos que uno no sabe hasta qué punto son obra suya o del traductor, como parafrasear al mismísimo Julio Iglesias, entre otros muchos "españolismos" ¿accidentales?
Ha merecido la pena la espera. Lo que ya no tengo tan claro es pagar dos veces por el mismo libro, pero eso es otra historia. Queda pendiente para el verano el releer del tirón la saga completa para sacarle el verdadero jugo. Hasta entonces, adiós, brujo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Confieso que he leído

Este fin de semana terminé de leer I am Ozzy, la autobiografía del señor Osbourne, subtitulada en castellano como Confieso que he bebido, en un extraño juego de palabras nerudense.
Como era de esperar, un libro lleno de anécdotas del cantante de Black Sabbath, narradas por él mismo y trasladadas al papel, una tarea que tuvo que ser muy dura, por el periodista Chris Ayres (creo que estuvo en Irak, así que no se asustaría fácilmente).
Aunque siempre he sido más de la etapa Dio, y del Toni Martin del TYR -coincido plenamente con la opinión de que este disco y Heaven and Hell son lo mejor de BS-, he de reconocer que el loco de Oz siempre me ha fascinado, quizás por aspectos que van más allá de los musicales, aunque no se puede negar que tiene decenas de temazos, en el grupo y en solitario, y es uno de los imprescindibles en las recopilaciones de rock que me hago para escuchar en el coche.
En el libro, que a pesar de todas las salvajadas que cuenta es bastante políticamente correcto, Ozzy explica desde sus orígenes como chico humilde, hasta su paso por la MTV, detallando casi cualquier gilipollez en la que se ha visto implicado y su catálogo personal de trastornos, adicciones y humillaciones personales. Pero, por encima de las barrabasadas y las drogas, sólo casi equiparables a las cosas que narra Motley Crue en su propia autobiografia grupal -y obra maestra del género-, Los trapos sucios, el libro cuenta dos historias bien distintas pero inseparables: la de la génesis de Black Sabbath, y la historia de amor de Ozzy y Sharon.
De lo primero tenemos múltiples referencias, libros, estudios y páginas webs con la información, a veces más contrastada y completa de lo que puede o quiere recordar Ozzy, quien, por cierto, en ocasiones tiene ciertas lagunas respecto a las disputas que ha mantenido a lo largo de los años con su banda y otra gente, y peca de demasiado, e increíble, buenrrollismo, hasta con Dio.
Pero lo que más me ha llamado la atención es la parte de Sharon. Odiada por los fans del grupo, tachada de ser la culpable de algo así como de convertir a Ozzy en un bufón televisivo, de putear constantemente a Tony Iommi, de pesetera y egomaníaca, se convierte en el eje central de la segunda mitad del libro, reivindicada por su marido en cada página. Supongo que no es para menos, ya que si no fuera por ella, John Michael Osbourne no sería la leyenda que es; probablemente ni siquiera estaría vivo. Una historia de amor, que es puro rock'n'roll.

Por cierto, dado que sabemos que Sharon mete mano en todo lo que hace su marido, es lógico pensar que el libro pasó por ella antes que nadie, y que fue convenientemente expurgado y retocado a su gusto. Al menos, a mí sí se me ha quedado esa impresión, sobre todo en algunos puntos del libro, no tanto en aspectos personales como los que se refieren a su management, con lo que habría que ver qué se ha quedado en el tintero.
Un libro recomendable, entretenido, divertido las más de las veces, otras no tanto, porque las payasadas y desfases de Ozzy llegan a dar miedo. Aunque la traducción es buena, supongo que leído en su versión original, con las propias palabrotas y giros linguísticos de Ozzy, hará más gracia...
Y por cierto, un toque de atención a la editora española, que parece no haberse molestado en echarle un ojo al texto antes de mandarlo a imprenta. Es intolerable la profusión de erratas, falta de signos de puntuación y acentos en un libro de 22 euros que, por lo demás, está bastante bien editado.

miércoles, 27 de abril de 2011

Lecturas varias de abril


Recupero aquí estas palabras de Douglas Adams que inician un artículo de 1999, How to stop worring and learn to love the Internet (Cómo dejar de preocuparse y aprender a amar el Internet) (enlace al texto en inglés) sin ninguna razón aparente, más que el sentirme viejo y un poco al hilo de ciertas conversaciones que he tenido esta semana santa sobre nuevas tecnologías, ereaders, móviles táctiles o con teclado, feisbuk y tuiter como encarnación o no del Anticristo...
1) Todo lo que está a nuestro alrededor cuando nacemos es normal.
2) Todo lo que es inventado entre ese momento y antes de que cumplamos 30, es increíblemente excitante y creativo, y con un poco de suerte puedes hacer carrera en eso.
3) Todo lo que se inventa después de que cumples 30 está en contra del orden natural de las cosas y el principio del final de la civilización tal como la conocemos, y nos habituamos hasta que está alrededor de nosotros cerca de 10 años, cuando gradualmente la aceptamos.
Ale, ahora a reflexionar según la franja de edad en la que se encuentren...

Y por cierto, qué decirles de Adams, a quien me he decidido a leer este mes por influencia de mi hermana. Pues primero, que el Autostopista Galáctico no me ha hecho gracia. No me la hizo la película y tampoco le he visto esa vis cómica a un libro cuyos fans se cuentan por millones en todo el mundo. Creo que es un problema mío con los autores británicos que se suponen que son graciosos, porque tampoco me hacen gracia Wodehouse ni Tom Sharpe. Pero...
...ahora estoy con Dirk Gently, detective holístico, que hasta donde llevo leído lo estoy disfrutando más, y no es que me esté descuajeringando de la risa, pero le veo más y mejor fuste. La putada, que mientras del autostopista hay lo menos cinco libros, de este sólo dos y la incompleta -e intraducida al cristiano- del salmón (ojeen su bibliografía en wikipedia).
Ah, también he conseguido terminarme el Criptonomicón, de Neal Stephenson.La conclusión: me gustan la criptografía y la criptología clásicas, no entiendo ni papa de sistemas cripto-informáticos, ni de matemáticas más complejas que una división (culpemos a las calculadoras del móvil). La trama actual aburre a las ovejas, la trama de la segunda guerra mundial es cojonuda. Sobran la mitad de personajes, tramas secundarias, y páginas. Por lo demás, bien, aunque mis niveles de conspiranoia ha subido un nivel.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Estado: lector

A pesar de que la mayor parte del sueldo siempre se va en lo mismo, pagar recibos y más recibos, reservo una pequeña cantidad para mis caprichillos, que suelen dividirse en tres categorías: tebeos, novelas y juegos de mesa. Salvo los juegos, que suelen caer muy de tanto en cuando, la lectura fluye y circula por casa mes tras mes. Y a veces, como ha ocurrido ahora, me posee un impulso lecto-berseker y manda a tomar por saco todo el presupuesto. Ea.
En lo que llevamos de octubre, sólo en libros, he adquirido -y leído- el quinto de Dresden (Máscaras de muerte); la edición bolsillera del necesario Playback, de Raymond Chandler; de Roald Dalh pillé el imprescindible Relatos de lo inesperado (leído) y El cambiazo (estoy en ello); y me he dejado para noviembre un inminente viaje a otros mundos con Hyperion y La caída de Hyperion de Dan Simmons. Escribo de memoria, pero creo que están todos.

Me compré el Chandler de bolsillo de Alianza. La edición de la imagen, aunque rentable en cantidad/precio, me resultaba ilegible por lo voluminoso y pesado del tocho en cuestión (otra víctima del Síndrome de la Edición Absolute).
Por otro lado, abandoné al segundo intento El nombre del viento. Este libro, que anda por su 16 o 17 edición, lo adquirí en las navidades pasadas empujado por las buenas críticas que vi por la red, y no he conseguido que me entre de ninguna manera. Tras una primera intentona frustrada, lo dejé correr unos seis meses, pero tampoco en esta ocasión he podido con él, así que lo relego ahora un año. Si entonces tampoco logra atraparme, irá a parar a la estantería de los libros malos, a coger polvo. Creo que el constante, e injustificado, cambio de narradores y una historia que ya tengo muy vista, son los culpables de mi rendición.

Sigo sin saber si me han timado o no con este libro.
A medias, o mejor dicho, interrumpido por el arrebato lector de los antes mencionados, tengo el duro y acojonante primer tomo de Príncipe de Nada -En el principio fue la oscuridad-, de R. Scott Bakker, una obra maestra que vuelve a demostrar lo sobrevalorado que están los tochos de Falcon Crest medieval de RR Martin. Lo tengo a medio porque éste es de los que hay que leerse despacio, bien despierto, y además está en casa de mis padres.
Para el mes que viene ya tengo la lista hecha, que incluye el sexto de Dresden y uno de Carl Sagan.
Esto es un vicio más caro que la heroína. Quizás sí me salga rentable, por lo menos en cuestión de espacio, comprarme un Kindle ahora que están baratos...

miércoles, 16 de junio de 2010

Bajo la cúpula

Pues hace unas semanas que terminé lo último de Stephen King en español, La Cúpula (Under the dome) y debo decir que me ha gustado bastante. Está claro que a estas alturas no vamos a encontrar una obra maestra firmada por el Maestro de Maine porque ya las escribió hace un par de décadas, pero esta Cúpula se deja leer muy a gusto. Del palo de Apocalipsis, It o Cell,y prima hermana de Desesperación y Posesión, o sea, personajes a porrillo concentrados en una ciudad-pueblo de su región, donde suceden cosas, en este caso, la aparición misteriosa de una cúpula transparente en la que quedan todos encerrados -como en la película de los Simpson!-, la historia se adentra en cómo reaccionan las personas en esta situación. Casi parece una metáfora sobre las miserias y virtudes del hombre, una muestra de hasta donde pueden llegar los políticos malvados y la buena gente en circunstancias extremas. Casi como un libro de esos de Saramago, pero con guiones antes de los diálogos.
Personajes arquetípicos reconocibles para el fan de King, como psicópatas trastornados, paletos peligrosos, chavales talentosos, perros muy listos, militares, predicadores, mujeres duras... Lo desconocido -la cúpula-, como los zombis en las películas de Romero, es casi un mal secundario ante las reacciones que provoca. A pesar de lo que pudiera parecer, la historia avanza rápido, muy rápido, a veces demasiado hasta para lo que nos tiene acostumbrados,con lo que algunos de los personajes fundamentales aparecen como meros esbozos. Puede parecer increíble, pero apenas hay aburridas descripciones o esos remontes genealógicos que, de tanto en cuando, se casca King para rellenar páginas.La velocidad se agradece, y hace de la lectura una ejercicio vertiginoso. Te lees las casi 1.200 páginas casi de una sentada.
King sigue sin tener claro cómo funciona internet, las redes wifi, o las mujeres, pero es algo que los fans podemos ignorar. También destacar que el héroe no es un escritor, sino un cocinero (con pasado) y que la historia parece/aparenta estar bastante fuera del universo de la Torre Oscura.

¿Sólo para fans, entonces? No, pero casi.
La Cúpula es una descomunal novela de a duro, sin más pretensiones que entretener, ideal para el verano, yo diría que pensada a propósito para convertirla en una película o una miniserie  -de hecho, se anunció hace meses que sería Spielberg uno de los productores-, que bien pensado podría ser mejor idea que esa serie-adaptación libre de Colorado Kid que ya se está rodando bajo el nombre de Haven (y que parecen vendernos como un cruce deTwin Peaks y ¿Heroes?).
Bonus track: Premier de Haven:

Bonus track 2: Os dejo un enlace donde se anuncian todos los proyectos fílmicos-televisivos en los que anda metido el Maestro y sus obras:
http://www.moviematics.com/2010/06/15/what-happened-to-horror/1833/

viernes, 18 de diciembre de 2009

El mono de Abacete

En junio 1991 un mono se escapó de un circo ambulante que pasaba por Albacete dando lugar a escenas tan escalofriantes como ésta:

El mono tuvo que ser dormido con unos dardos tranquilizantes. Los quinquis posiblemente también.

(Visto en la espectacular http://albacete-fotos.blogspot.com/)

jueves, 30 de abril de 2009

Gripe porcina o virus Z

La mayoría de la gente no admite que algo puede pasar sino hasta después de que ha pasado. Eso no es estupidez ni debilidad, es sólo la naturaleza humana. No culpo a nadie por no creer. Y no me considero mejor ni más listo que ellos. Supongo que todo se reduce a un simple accidente de nacimiento. Sucede que yo nací dentro de una sociedad que vive con un constante temor a extinguirse. Es parte de nuestra naturaleza, parte de nuestro estado mental, y hemos aprendido a través de muchos errores y ensayos a estar siempre en guardia.

El primer aviso que tuve de La Peste fue a través de nuestros amigos y clientes en Taiwán. Llamaron a quejarse de nuestro nuevo software de decodificación de mensajes. Aparentemente había presentado fallas al descifrar unos e-mails de sus fuentes en la República Popular, o al menos los había descifrado tan mal, que el mensaje resultaba incomprensible. Sospeché que el problema no debía estar en el software, sino en los mensajes como tal. Los rojos del continente… supongo que ya no los llamaban rojos… ¿pero qué espera de un viejo como yo? Los rojos tenían la mala costumbre de usar muchos tipos diferentes de computadores, de distintos países y generaciones.

Antes de sugerirle esa solución a Taipei, pensé que sería una buena idea revisar yo mismo los mensajes. Me sorprendió ver que los caracteres estaban claramente decodificados. Pero el texto… tenía que ver con algún tipo de virus que primero eliminaba a la víctima, y luego reanimaba el cadáver como algún tipo de animal furioso y homicida. Por supuesto, no creí que eso fuese literal, especialmente porque unas pocas semanas después, estalló una crisis en el área de Taiwán y todos los mensajes sobre cadáveres reanimados dejaron de llegar. Sospeché que había una segunda capa de encriptación, un código dentro de otro código. Era un procedimiento normal, que se remontaba incluso a los primeros días de la comunicación humana. Por supuesto que los rojos no podían estar hablando de cadáveres reales. Tenía que ser algún sistema nuevo de armas, o un plan de guerra ultra secreto. Dejé el asunto ahí, y traté de olvidarme de él. Sin embargo, como uno de sus grandes héroes nacionales solía decir: “Mi sentido arácnido me alertaba.”
(...)

Guerra mundial Z. Max Brooks

Gripe porcina o Capitán Trotamundos...

La CBS no emitió en toda la noche. La NBC tenía una programación regular, pero la imagen de la filial de ABC se difuminaba a cada momento, y a veces se borraba por completo para después reaparecer de súbito. El canal de la ABC sólo pasaba viejos programas grabados, como si el nexo con la red se hubiera cortado. No importaba. Lo que Nick esperaba era el noticiario.

Cuando empezó, se quedó perplejo: la noticia del día era la «epidemia de supergripe», como la llamaban ahora, pero los locutores de ambas emisoras dijeron que ya estaba siendo dominada. En el Centro de Control de Epidemias habían elaborado una vacuna, y a comienzos de la semana siguiente los ciudadanos podrían conseguir que su médico se la administrara. Al parecer, los brotes eran graves en Nueva York, San Francisco, Los Ángeles y Londres, pero los estaban conteniendo en todas partes. En algunas zonas, agregó el locutor, se habían cancelado temporalmente las reuniones públicas.
En Shoyo, pensó Nick, toda la ciudad había sido cancelada. ¿Quién engañaba a quién?
Al final, el locutor dijo que seguían restringidos los viajes a la mayoría de las grandes áreas urbanas, pero la situación se normalizaría apenas se contara con suficiente vacuna. A continuación pasó a ocuparse de un accidente de aviación ocurrido en Michigan y de algunas reacciones en el Congreso ante el dictamen del Tribunal Supremo sobre los derechos de los homosexuales.
Nick apagó el televisor y salió al porche. Allí había un columpio y se sentó en él. El movimiento de vaivén resultaba relajante, y no podía oír los chirridos del herrumbre, pues John Baker se había olvidado de engrasarlo. Se quedó mirando las luciérnagas que formaban irregulares festones en la oscuridad. Se percibían relámpagos entre las nubes allá en el horizonte, haciéndolas asemejarse a monstruosas luciérnagas del tamaño de dinosaurios. La noche resultaba pegajosa y agobiante.
Como para él la televisión era un medio exclusivamente visual, había notado algo que quizá pasó inadvertido a los demás: no habían proyectado anuncios de películas, ni resultados de béisbol. El informe meteorológico fue vago, sin un mapa que mostrara las variaciones... como si la Oficina Meteorológica de Estados Unidos hubiera cerrado sus puertas.
Los dos locutores le habían parecido nerviosos y ofuscados. Uno de ellos tenía un resfriado. Tosió una vez frente al micrófono y pidió disculpas. Y ambos habían mirado nerviosamente a derecha e izquierda de la cámara, como si hubiera alguien más en el estudio, alguien encargado de vigilar que no se extralimitaran.

(...)

Apocalipsis. Stephen King

Reto Fanzine 2025. ¡Que 20 años no es nada!

Que sí, que este año hay Reto Fanzine. Cómo no iba a celebrarse si cumplimos, ahora sí que sí, ¡dos décadas! La tardanza en publicar esta co...