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miércoles, 4 de mayo de 2016

Sábado de presentación desmedida

Pues este sábado 7 de mayo nos reuniremos en el emblemático Café del Sur (Plaza de San Felipe Neri) a eso de las 20.00 horas para presentar LA DESMEDIDA. El gran Alfonso Tornero y un servidor estaremos allí para hablar de ese librico de poesía que ya deberíais haberos comprado. Hablaremos un poco, leeremos lo justo para no aburriros, se firmarán los libros que haya que firmar y, en general, procuraremos pasar un buen rato juntos.
Os esperamos!

Ahí va una mínima muestra gratis:

Pelirrojas
tienden las pelirrojas de verdad
a encanecer hacia el rubio
para disgusto del que siempre ha admirado
llevar cobre por cabello
y no es que esté uno en contra del dorado
(ni mucho menos)
pero el sol siempre me ha gustado más
pegado al horizonte y no en lo alto
el vino, tinto,
la cerveza, tostada
y aunque tampoco al moreno
es cuestión de hacerle ascos
(con lo que me gusta la Guinnes)
es el rojo, apagado o encendido,
pero rojo, el que me pone
los dientes largos
saberlo ahora tan efímero
tan vulnerable al tiempo
no hace sino aumentar mi deseo
de agarrarlo.
Y aquí, el señor Tornero y yo preparando la presentación:
 

martes, 26 de abril de 2016

La desmedida, a la venta

Tras la fiesta, pasada por agua, de las dos jornadas del Día del Libro, con firmas y presentación del Albaville 3, vuelvo a estos lares blogueros para anunciar, a los despistados, la publicación de La desmedida, un conjunto de dos pares de poemarios de un servidor que vieron la luz en forma impresa el mismo día que salía la última aventura de Laespada a la venta.
En este caso, ha sido UNO Editorial quienes han apostado por mi lado poético, recogiendo en 140 páginas casi otros tantos poemas en un libro magníficamente editado y con una maravillosa portada.
Me hace gracia comprobar el asombro de algunas personas ante mi "faceta" como escritor de versos, cuando llevo haciéndolo, a la par que la prosa, desde hace más de veinticinco años; de hecho, los fanzines que he dirigido han sido mayoritariamente de poesía, en los que he sido invitado a participar casi siempre ha sido para publicar poemas, y hasta aparezco en un par de antologías de poetas locales. Supongo que será cosa de no dar el perfil.
En todo caso, aquí está La desmedida para llenar ese hueco en vuestras estanterías.
El libro ya está a la venta al precio de 10 pavos. Para más información, aquí: http://www.unoeditorial.com/portfolio/la-desmedida/

PD: Habrá presentación, por supuesto, la primera semana de mayo. Ya os iré informando de día, hora y lugar...

miércoles, 1 de julio de 2015

NP: Presentación de ABV2: KATZENTOD



Ya está a la venta el nuevo libro de Juan García Rodenas, ALBAVILLE 2: KATZENTOD.
El autor presentará el libro y firmará ejemplares en la Librería Nemo el viernes 3 de julio.

Este viernes 3 de julio, a partir de las 20.00 horas en la Librería Nemo de Albacete (Collado Piña, 10), el autor de la novela Albaville 2: Katzentod, Juan García Rodenas, presenta su última obra en compañía del gurú virtual Fernando Gotor. Llega así el ecuador de una trilogía que vio la luz en enero de este año con la publicación de Albaville y que, previsiblemente, concluirá estas Navidades.
Seis meses después de la primera entrega, prácticamente agotada, esta segunda novela vuelve a tener por protagonista al inspector de policía Pedro Laespada, un hombre que ha viajado a un Albacete alternativo (Albaville), donde tiene cabida cualquier fenómeno extraño. En esta ocasión, un terrible asesino en serie ha llegado a la ciudad, pero a Laespada lo dejan al margen del caso y, en cambio, le encargan investigar la misteriosa desaparición de un millar de gatos callejeros. Sin embargo, lo que a priori parecía un caso fácil se va complicando, como no podía ser menos, siguiendo el algoritmo de ordenación del Mal, hasta convertirse en una competencia salvaje por la supervivencia. Sectas, venganzas y experimentos bizarros se dan la mano en esta obra que, como acostumbra su autor, homenajea a los géneros policiaco, fantástico y de terror.
“El público acogió encantado el primer libro, y estoy seguro de que esta segunda parte estará a la altura de las expectativas. Esta novela es más oscura que la anterior, pero no por ello deja de ser menos sorprendente”, dice el autor.
De nuevo, Juan García Rodenas ofreció esta nueva novela por entregas en su blog durante los meses de marzo a junio, que ahora han sido recopiladas en este libro.

Juan García Rodenas (1976) ha publicado cinco novelas de serie negra (entre las que se incluye su “Saga de la Ciudad Oscura”), ha participado en varias antologías de cuentos y de poesía, revistas y fanzines. Actualmente trabaja en la tercera parte de Albaville.



Datos técnicos:
Materia: NARRATIVA DE INTRIGA
Año de edición: 2015
Páginas: 172
Edición: RÚSTICA CON SOLAPAS
Precio: 12 euros

lunes, 29 de junio de 2015

Albaville 2, el libro, a punto de caramelo

Bueno, gente, ya hemos liquidado las entregas de ALBAVILLE 2 en el blog, y este viernes, según lo previsto, lo tendremos a la venta y en papel, al mismo precio que el anterior. Y al igual que pasó con el primero, este ya va corregido, ligeramente aumentado y sobre todo, mejor. En cuanto reciba los ejemplares ya mandaré un comunicado más formal, pero, hasta entonces, me gustaría daros las gracias a quienes habéis seguido (en silencio) las nuevas andanzas de Laespada por este blog, y también a los que estábais esperando su edición en libro. Ya me contaréis que os parece.
La tercera, y de momento, última entrega de Albaville, debería ver la luz estas Navidades. Trataré que sea la mejor de las tres. Y la más cañera.
Así que, ya sabéis, antes de iros de vacaciones, pasad por la librería a verme. Lo mejor contra el calor es un buen libro, ¿por qué no el mío?
Un abrazo.

domingo, 24 de junio de 2012

El libro precintado


Recuerdo una vez, trabajando en una feria del libro, cuando un señor me preguntó si podía desprecintar un libro muy grande y muy caro que había en la caseta para echarle un vistazo, a ver si le interesaba llevárselo. Mi jefe, antes de marcharse a otra ciudad y dejarme al cargo del negocio, me dejó muy claro que los libros del estante más alto, los más caros, y por tanto, los que estaban precintados y envueltos en celofán, no debían abrirse salvo que yo tuviera claro que el cliente lo iba a comprar. Ante la duda, mejor no abrirlos, dado que una vez desprecintado, no sólo estaba a merced de la intemperie, como un libro de segunda mano, sino que se devaluaba. Uno, que ya era veterano en estas lides, tenía claro las clases de clientes que acuden a las ferias de librero de ocasión, y podía adivinar en cinco segundos si estaba ante un cotilla porculero, subtipo muy habitual, o un auténtico bibliófilo con euros frescos.
Antes de que el fulano acabase de hablarme ya sabía yo que con este señor no habría nada que rascar. No obstante, dado que estás en un trabajo de cara al público, hay que mostrar un mínimo de educación ante todo el mundo, hasta el que viene a cansinearte, o a robarte. Y permitidme aquí un inciso para recordar a esa señora, madre de dos chiquillos que, en otra ocasión, logró distraerme con maestría y descuidarse un voluminoso libro de cocina de más de mil páginas y que costaba seis euros. Un robo estúpido, de los muchos que se suceden en estas ferias.
Pero volvamos al caballero golismero del libro grande y caro. El tipo me pregunta si se lo puedo abrir, y yo, con el educómetro activado, le digo que sí, si piensa llevárselo, porque si después de ojearlo al final decide que no, pues yo pierdo dinero. El hombre asiente, bobalicón. -¿Entonces qué?, me dice. -¿Entonces qué de qué?, replico. -¿Me lo puedes abrir?, dice. -¿Lo vas a comprar?, respondo, con el educómetro ya apagado. -Si no lo veo primero, no sé si lo quiero, contrarreplica.
En este punto veo con claridad cristalina que el no-cliente además de tocapelotas se cree un listillo. Me vuelvo, cojo el libro y lo apoyo sobre el mostrador. No recuerdo de qué era, si de armas, de setas o de arte, pero su precio rondaba los 100 o 150 euros y pesaba lo menos tres kilos. El tipo parece sonreír al creerme derrotado. Estoy meditando mi respuesta mientras pienso en la suya. “Si no lo veo primero, no sé si lo quiero”.
Por un momento, la frase me lleva al lado oscuro. No carece de lógica, puesto que lo suyo es probar algo antes de saber si te interesa, hacerle la cata, probarlo primero, darse una vuelta a ver qué tal marcha. La de disgustos que te ahorrarías si todo funcionase así. Pienso en las veces que he comprado un libro que al final era más malo que el baladre; en la ropa que he pagado y que ha encogido, o se ha roto, al primer lavado; en los cubatas de garrafón que desde el corazón del infierno me han apuñalado al día siguiente... Quizás aquel tipo tuviera razón después de todo...
Pero no. No se puede ir siempre sobre seguro. Dónde estaría entonces la emoción, cuando la cosa sale bien, del descubrimiento, el orgullo de haber dado con un tesoro. Ese libro desconocido que al final resulta una obra maestra; esas botas de rebajas que al final llevan contigo diez años y jamás te han dado un problema; esa ginebra extraña que te encanta... Copón, el que no llora no mama, y el que no arriesga no gana.
Además, este tipo lo que quiere es desvirgarme el libro, y después, si te he visto no me acuerdo.
-¿Usted va al cine?, le digo, finalmente. La pregunta lo descoloca, pero tras unos segundos, en los que se le borra la sonrisa y me mira boqueando como un pez fuera del agua, asiente con la cabeza.-¿Y si la película que ha visto no le gusta –prosigo-, le dice al de la taquilla que le devuelva el dinero? ¿A que no? Pues con los libros pasa lo mismo. ¿Qué, se arriesga?
Ni que decir tiene que el tipejo salió de allí disparado.
Y el libro se vendió al día siguiente a otro individuo que ni siquiera preguntó el precio.


El Pueblo de Albacete, 25 de junio de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Realismo no tan fantástico (SK)


Hace unos días terminé de leer la última novela de Stephen King publicada en español, 22/11/63, que trata de un viajero de tiempo que deber salvar a Kennedy de morir asesinado. Como seguidor del Maestro de Maine de toda la vida, lo cierto es que las expectativas que este argumento despertó en mí fueron bastante grandes. Pero antes de seguir por este camino, permítanme primero decirles a aquellos que critican y menosprecian a King sin haberse leído ni un libro suyo –todo lo más habrán visto alguna de las penosas adaptaciones a miniserie televisiva-, que se pueden ir a la mierda. Nunca entendí el desprecio a los autores de género, ni a los quienes tienen la inmensa capacidad y suerte de vender libros a millones. Por encima de envidias y manías, el Maestro es un buen escritor, lo cual no quita para que tenga en su bibliografía truños infumables de proporciones ciclópeas.
Este viaje en el tiempo de su última novela no es una de estas cagarrutas. Es una buena historia, bien escrita, con todos los defectos, virtudes y obsesiones de King, por lo que es imposible que defraude al fan. Si acaso, lo que uno echa de menos, lo que de verdad se echa de menos, es valentía. Hace ya mucho tiempo que King se quitó de encima el sambenito de “rey del terror”, al menos en los países donde la prensa sí se lee sus libros –aquí no-. De hecho, siempre ha sido un escritor de realismo fantástico –desde aquí ya escucho los gritos de los gafapastas-, con cierta tendencia hacia la oscuridad, a meter el dedo en la llaga de lo que asusta. Reinventó el género de terror, le enseñó ciencia ficción a los ciberpunks, creo el fantástico universo de la Torre Oscura para luego arruinarlo, lo atropellaron cuasi mortalmente y nos aburrió contándonoslo en todo lo que escribió después. En fin, un admirador puede llamar, con cariño, a Stephen King muchas cosas, pero hasta ahora timorato no era una de ellas.
Y lo es. 22/11/63 es una historia cobarde porque King se queda con la versión oficial, la de Lee Harvey Oswall como único tirador frente a Kennedy, porque es un americano rico e influyente, porque no quiere líos, y porque legalmente tiene razón. King no quiere oír hablar de la JFK de Oliver Stone, la cinta Zapruder, el montículo de hierba, la bala mágica, la chapuza de la autopsia en Washington… ni nada. Para King, Oswall es un gilipollas maltratador de mujeres (un rasgo de malvado de King con el que parece obsesionado últimamente) y lo demás son tonterías. Y estructura toda la novela en justificar cómo el protagonista no puede demostrar lo contrario, mediante un delicioso retrato de la América rural de los 60, trufado de malas casualidades y mala suerte. King no se atreve a desafiar a la Comisión Warren en ningún punto, no quieren que le llamen loco, o conspiranoico. Tampoco se trata de que haya querido ser original. King hace mucho que se bajó de ese tren. No es que quisiera ir a contracorriente por hacerse notar. Libros que defiendan la teoría de la conspiración los hay a miles pero que lo hizo Oswall, también. King no quiere problemas, no quiere acusar a otras personas habiendo ya un sospechoso condenado y ajusticiado.
¿Para qué meterse en camisas de once varas, si lo que quería contar era otra cosa? Kennedy, el viaje en el tiempo, no son más que un envoltorio para otra historia, a lo Steinbeck (el autor que siempre quiso ser). No sé si es que a sus 64 años, King se siente mayor, si le pone nervioso que su hijo Joe Hill escriba igual o mejor que él, o que se ha vuelto más gandul de lo que ya era. Porque King, a la hora de documentarse y diga lo que diga él, no mueve un esparto. O puede que, en la balanza del realismo y el fantástico, se ha inclinado hacia el primero por hartazgo del segundo.
Y es una pena, porque, siendo sincero, ya veo suficiente realismo a diario, demasiado humanos para mí. Lo que apetece es leer sobre vampiros, casas embrujadas, fantasmas, coches asesinos, poderes piroquinéticos y mascotas zombi… Creer por unas horas que el Mal habita en las alcantarillas, donde todo flota, en forma de payaso, y no en los bancos, en las bolsas, en los partidos políticos... Porque en la ficción, pueden ser derrotados, pero en la realidad, como Kennedy, estamos bien jodidos.



El Pueblo de Albacete, 21 de mayo de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Nuevo Dresden (y van 8)

Laespadaenlatinta.com me da la alegría de la semana anunciando la salida del nuevo Harry Dresden -Culpable- que, todo sea dicho, esperaba con ansia. Pensaba que lo tendría para navidades, pero bueno, más vale tarde que nunca. No acabo de entender el bajo ritmo de edición de la serie (en USA van por la 13, y esta se editó en 2006!), o quizá es que soy un prisas, pero al ver que también se ha reeditado el segundo volumen se me despierta la esperanza de que sí hay bastantes fans del jodío mago. Lo que no sé es si será del mismo tamaño que la edición normal o más baja, como pasó con el primero (costar, cuesta lo mismo).
Y eso que el último libro no me gustó demasiado. A ver qué tal andará este. 
Como siempre que se trata de un producto de La Factoría, también habrá que ver la corrección y la traducción...


http://www.laespadaenlatinta.com/2012/02/novedades-harry-dresden-desde-la.html

domingo, 31 de julio de 2011

Diccionario (Sesenta mil satanases,73)

En los lejanos tiempos del televisor con dos canales, una casa cualquiera solía tener dos clases de libros: los intocables, como las enciclopedias que les endilgaban a nuestros padres en cómodos e interminables plazos, ese Quijote ilustrado por Doré, o la Biblia; y los de leer. Los primeros eran de adorno, hacían bonito, encuadernados en imitación piel, con sus letras en pan de oro, homogéneos, juntos como siameses, encajados en el faraónico mueble del salón. Un lujoso telón de fondo para las horrendas figuritas de porcelana, los recuerdos de comuniones y las fotografías más o menos conseguidas de parientes lejanos, o de nuestros progenitores, en tiempos pretéritos, cuando sonreían, ajenos a lo que se les venía encima.
Las enciclopedias, enormes, pesadas, ya fueran del Arte, de Historia, de Castillos de España o la de los Jóvenes Castores, estaban vedadas a las siempre grasientas y peligrosas manos infantiles, por lo que pocos pudieron aventurarse en ellas, al menos, hasta mediados los cursos altos de Primaria o el Bachillerato, cuando se recurría a sus páginas para hacer los trabajos de clase.  Estamos hablando de la no tan lejana era preinternet, pequeñuelos.
Al otro extremo estaban las novelas de a duro, las del oeste, de terror, del espacio, que podían pulular por el hogar gracias a un abuelo, un tío o un hermano mayor enrollado, desgastadas de tanto cambiarlas, pero que tampoco acostumbraban a caer en poder de los infantes por su “dudoso” contenido. Estas, al contrario que las anteriores, se guardaban en un cajón o una caja vieja de zapatos, como si se tratase de pornografía –que haberla, la había también, pero hoy no es el tema-.
No escondidas, pero sí relegadas a lejas más apartadas de la vista, estaban, por lo general, las ediciones en rústica de las novelas que sí se habían leído nuestros padres (o eso decían ellos); la temática variaba en función de cada familia, pero he visto repetidamente títulos como Nada, de Carmen Laforet o Tuareg de Vázquez Figueroa, autores como Cela o Martín Vigil, y tampoco era de extrañar tropezarse, en los más altos estantes, con cosas picantonas como decamerones, manuales del sexo y el amor, y de preparación al parto (que también contenían fotos de tetas y de lo que no son tetas).
En esa biblioteca casera convivían, asimismo, los libros del Círculo de Lectores, que eran un híbrido entre el ornato y el legible, o lo que es lo mismo, se leían si acaso una vez y punto, a hacer bonito en la leja.
Los libros para críos –sin entrar en tebeos- se reducían a las obras de Enyd Blayton, más de setecientas, los clásicos ilustrados, y los clásicos sin ilustrar, pero igualmente resumidos, y poco más, que se apilaban en el dormitorio del vástago.
Y por encima de todos ellos, el más útil, divertido y necesario, era el diccionario.
Al menos, para mí, claro.
No recuerdo que en mi casa hubiera uno hasta que me lo compraron a mí. Algún maestro de mente preclara declaró, allá en tercero de EGB o por ahí, que además de los libros de texto, debíamos traer un diccionario a clase.  El elegido por todos, el más barato, fue un Iter Sopena (cuadradico, blanco, con banderas de los países en la portada, “ilustrado de la lengua española”). Su encuadernación era una ful, y con el uso acababa hecho una baraja. No era raro perder varias páginas y encontrarte con que te faltaba desde ratón a romo, por ejemplo. Pero estaba cargado de ilustraciones alucinantes para un crío, desde ranas desventradas, a esqueletos, coches, armas, el sistema solar… Y lleno de palabras, mágicas, desconocidas, curiosas, intrigantes, sorprendentes...
Luego tuve un Aristos (más grande, tapa dura, gris, cosido pero igualmente frágil), que todavía conservo y consulto, con los mismos o parecidos dibujos, y además con excepcionales apéndices cargados de extravagante información, como las conjugaciones de los verbos, un glosario en latín, equivalencias entre el sistema métrico y el anglosajón... Toda una enciclopedia para mí solo, que podía manosear, leer al azar, o lo que me diese en gana. Y aunque nunca entendí por qué los insultos y los tacos, acaso las palabras más usadas por los hablantes, no existían entre sus páginas, descubrí el significado -y la imagen- de aquellos vocablos desconocidos de los clásicos sin ilustrar ni resumir que iba consiguiendo al crecer.
Ahora, con un televisor con TDT y más canales de los que necesito, por casa tengo un VOX, el María Moliner, el de la RAE, varias enciclopedias en cedés, la Wikipedia entera a mi disposición, y ninguno de ellos ha logrado darme tantas horas de satisfacción como el difunto Sopena y el maltrecho Aristos. Por eso, de vez en cuando me doy una vuelta por sus definiciones y sus dibujos, y me sonrío cuando busco aquello del cabritillo que mama y lo de soplar con fuelle.

El Pueblo de Albacete, 31 de julio de 2011

lunes, 31 de enero de 2011

La saga de la ciudad oscura - Tomo IV

Lo dice la contraportada: Toda saga necesita un final...
Todo llega en esta vida, sí, hasta la edición del final de la saga del inspector Serrano, de la cual pueden gozar desde ya si acuden a su librería más cercana. Por el módico precio de ocho leuros, pueden disfrutar de las dos últimas novelillas de nuestro héroe y, como se suele decir, cerrar el círculo.
Las historias que incluye el tomo IV son:
-Mil trescientos setenta y cinco: puro survival horror manchego. O sea, Serrano contra los walking dead de la sierra del Segura. El camino del héroe pasa por enfrentarse a la muerte en su faceta más fea...
-El dios del crepúsculo: el final de los finales. El apocalipsis.La fin de los días. El Ragnarok, El día del juicio final. La venida del gran Cthulhu (en su versión albaceteña).
Como ya dije en post anteriores, voy a preparar un puñado de packs con la serie completa -los cuatro tomos- a un precio que rondará los 30 leuros. Como no habrá más de veinte, sus existencias estarán bastante limitadas así que quien esté interesado que me lo vaya diciendo. Por cierto que, salvo el tomo I, no existe ningún problema para conseguir sueltos el resto de libricos.
Ns’hagahd viene a por ti y a por tus  deuvedés de Deadwood...
En principio, está prevista una firma de ejemplares el próximo sábado 12 de febrero, en horario de mañanas (creo), en la tienda de cómics COMIKERS (Avenida de España, 3), donde el amigo Peralta y yo sus esperaremos con los brazos y los bolsillos abiertos.
Y es más que probable que a finales de mes, el viernes 25, si mi cuadrante no me engaña, se haga una presentación con charleta, cervezas y cena en el chino. Dónde y en qué chino, lo iremos viendo.

martes, 21 de septiembre de 2010

El último de la saga

A quien pueda interesar.
Hace ya unas semanas que terminé de teclear la octava novela del inspector Serrano. La última, con la que cierro el tomo IV, la saga y este proyecto suicida que me ha llevado casi 10 putos años. Ando ahora en fase de corrección, luego tocará maquetar, diseñar una portada y, si encuentro un presupuesto aceptable y los dineros, pa la imprenta y a las librerías. Siempre he odiado esta última fase, pero en esta ocasión la asumo con tranquilidad, puesto que lo más duro -escribir- ya está hecho.
La crisis parece que ha puesto el precio del papel más inalcanzable que nunca, al menos para un libro de las características de los de La saga de la ciudad oscura, que se sale de -o no llega a- los tamaños estándar (105x148 mm) y del número de páginas (las 400 o más). Aún así, sería una mierda pena que después de tres libros el cuarto se quedara en un doc (o en un epub). Estamos trabajando en ello.
De una forma u otra, el libro estará disponible antes de fin de año. Es posible que también esté toda la saga en formato digital o de alguna otra forma, con nuevas portadas y cosas así. Después no creo que vuelva a escribir sobre Serrano en al menos una década.
A todos aquellos que me han seguido y ayudado en esta aventura, GRACIAS!
Edito (varias horas más tarde): Por cierto, que no os he dicho de qué van las dos novelas del tomo IV.
Mil trescientos setenta y cinco. Serrano contra los zombis, o lo que es lo mismo la primera novela de SURVIVAL HORROR MANCHEGO.
El Dios del crepúsculo. El apocalipsis va a llegar... a Albacete, por lo menos.

martes, 27 de julio de 2010

Dresden, más allá del Magia Borrás

Acabo de terminar de leer la tercera entrega de la saga de Harry Dresden La tumba. Esto quiere decir que tengo que comprarme pronto el cuarto El caballero y que La Factoría vuelve a quedarse con 20 eurillos de mi bolsillo que no acaban de merecerse, pero de esto hablaré al final.
Lo primero es presentar al personaje para el que no lo conozca. Harry Dresden es un mago con ínfulas de detective bogartiano, algo así como si la vida hubiera tratado mal a Harry Potter (el parecido no es casual) y el muchacho hubiera acabado emulando a Sam Spade. Como tal, las historias suelen comenzar con la presentación de un caso, siguiendo los cánones de Chandler, Spillane y demás, que se va complicando, y en donde se entremezclan muchos secundarios, a los cuales iremos viendo en sucesivas entregas -por algo es una serie-, hasta el desenlace explosivo, de esos que me gustan a mí, con algún personaje muerto y todo.
Como mandan los cánones, y aquí mandan mucho, Dresden es deslenguado, cínico, divertido, un tanto antihéroe y el narrador de la historia. Novela policiaca de toda la vida, pues, que no acaba de tomarse a si misma en serio, y donde los mafiosos, las drogas, mujeres fatales, secuestros y demás delitos que pueblan las historias hard boiled son aquí protagonizados o sustituidos, en este caso, por la magia, los demonios, fantasmas, y por supuesto, vampiros y hombres-lobo... Lo que se llama ahora fantasía urbana, vamos, categoría en auge gracias, por ejemplo, a esta serie, a los Crepúsculos, a Anita Blake, cazavampiros o la mía del inspector Serrano,  ya puestos.
Estamos ante una serie de novelas entretenidas, con sentido del humor -insisto porque es su toque distintivo-, buenas trazas de género negro, personajes bien dibujados -la mayoría- y un concepto de la magia cercano y más sencillo que el de cualquier juego de rol con dragones de por medio.
La magia es la gran baza de Dresden. El protagonista es un mago, por lo que no pega tiros, ni da palizas, más bien las recibe todo el rato, y usa hechizos, conjuros y talismanes para llegar hasta el fondo del asunto. Como decía antes, se trata de una forma de magia que ya hemos visto en el Potter, muy del palo de los juegos de rol de World of Darkness (Vampiro, Hombre-Lobo...) de los que se ve que Butcher ha jugado y mucho. Para el que no sea rolero, eso del Consejo Blanco y demás le sonará a Sabrina, Cosas de Brujas, En esto del mundo sobrenatural también se nota la influencia de Clive Barker. A fin de cuentas, Barker es quien mejor ha interrelacionado la magia, los demonios y los mundos fantásticos con la realidad urbana. Y si no pregúntele al tipo ese que le hacía las fotocopias a Alan Moore.
En los EEUU la serie goza de gran popularidad, como demuestra la profusión de ediciones, y las adaptaciones a tebeo y TV, que por desgracia han pasado con más pena que gloria. En concreto, The Dresden Files, la serie de televisión, se canceló tras una irregular primera temporada que aquí llegó a emitir la sexta, cuatro o una de esas. A mí, personalmente, que la vi antes de leer nada, me gustó, si bien tras comparar los personajes que ahí aparecían con los de los libros me di cuenta de que no habían respetado una mierda, y eso los fans no lo perdonan. Y sin el respaldo de los fans, quién va a querer ver esto pudiendo ver follar a los vampiros de True Blood o las curvas de Christina Hendricks en Mad Men. La cosa parecía un remedo de Buffy, o aún peor, de Angel.
Intuyo que Jim Butcher (el tipo tiene pinta de venirse al Aqua una tarde de estas) escribe mejor de lo que se le traduce, pero como por el momento no voy a ponerme a leer en inglés, aunque no lo descarto si mi ritmo de lectura sobrepasa al de las publicaciones, y tiene pinta, teniendo en cuenta que La Factoría acaba de reeditar el primero de la saga, un poquico más pequeño y dos euros más barato. Recular en lugar de avanzar, se llama esto en mi barrio. El caso es que el tercer libro de la saga contiene erratas fácilmente subsanables sólo achacables al responsable de supervisar el texto, que no lo hizo.

Aquí iba a poner una foto del autor, pero quedaba mejor la Christina.
Por ejemplo: si a estas alturas no sabemos cambiar las comillas anglosajonas de los diálogos por los guiones largos que se estilan en los países de habla hispana, mal vamos. Sólo este pequeño descuido complica la lectura de tal manera que no sabes quién o cuando hablan los personajes. Luego están los errores en los tiempos verbales, fallos ortográficos varios... Vamos, lo que se llama el síndrome del traductor de best-seller, que para quien no lo sepa, es un mal que afecta a muchos de esos libros de centro comercial, cuyos editores piensan que para un libro de mierda de 9 euros para cuatro frikis no van a calentarse los cascos con las traducciones y las correcciones. Como muestra de esto no tienen más que coger cualquier libro de bolsillo de Stephen King de los 80.
El problema es que la saga de Harry Dresden no es un best-seller del Carrefour, o al menos sus libros no cuestan igual que éstos, por los que se les supone algo más de cuidado, sobre todo si La Factoría tiene intención de crear un poso de aficionados al mago. Dresden no es Geralt de Rivia, vale, pero Bibliopolis sí ha cuidado esto (al menos hasta el último tomo).
A pesar de todo, insisto, repetiré.

Jim Butcher. Si le ponen una Mahou en la mano parece primo hermano del señor Aroca y mío.

martes, 2 de marzo de 2010

Una caña y un Parker, nano!

Los libros y la barra de bar se unen en Valencia en tres librerías-cafeterías
Valencia, 2 mar (EFE).- El barrio Ruzafa, uno de los más multiculturales de Valencia, apuesta por una nueva tendencia en su hostelería: las librerías convertidas en cafeterías, y viceversa, una combinación de rincón para la lectura y barra de bar ya materializada en tres locales: Cosecha Roja (Sevilla, 20)Ubik (Literat Azorín, 13Slaughterhouse (Denia, 22).
Miguel Fuentes, propietario de Cosecha Roja y amante de la novela negra, explica a EFE que, "dada la actual situación económica", pensó en "compensar" la idea de abrir un negocio basado en su pasión literaria, con un bar, "que es el que aporta ingresos", ya que, afirma, "únicamente con el libro es complicado vivir".
Así nació, hace seis meses, la única librería-café especializada en el género negro en Valencia, y una de las pocas que pueden contarse en España, según apunta Fuentes, quien conoce otra similar en Barcelona, que le asesoró al montar el negocio y que, "tras mucho tiempo operando, es de las más fuertes del país".
El "cómputo general" que hace el dueño de este local de la calle Sevilla es "positivo", pues "cubrimos gastos y empezamos a ganar dinero". Un balance parecido al que realiza Jacobo Hortas, uno de los tres socios de Slaughthouse, donde también se puede "tomar algo" rodeado de libros de la más variada oferta, además de comprarlos.
El copropietario de Slaughthouse, ubicado en una antigua carnicería que acoge, además, exposiciones y presentaciones de libros así como conciertos para apoyarlas, afirma que "el bar aporta el principal ingreso", aunque "los libros también se venden, no como quisiéramos, pero parece que la gente sigue leyendo".
Para Hortas, la clave del funcionamiento de su establecimiento, que abrió en septiembre en la calle Denia, es "la novedad" que aporta: "Es cierto que cada vez hay más, pero sigue siendo algo diferente, que al fin y al cabo es lo que la gente busca, algo que te sorprenda".
Ubik, que fue el primero en abrir -hace algo más de un año en la calle Literato Azorín- y vende libros de segunda mano, se define como "centro multicultural", con el que se completa el trío de locales de Ruzafa destinados, mediante su oferta literaria y hostelera, a "alimentar cuerpo y mente".
(A estas chicas les encanta Philip K. Dick, Bill Pronzini y la Mahou)

Reto Fanzine 2025. ¡Que 20 años no es nada!

Que sí, que este año hay Reto Fanzine. Cómo no iba a celebrarse si cumplimos, ahora sí que sí, ¡dos décadas! La tardanza en publicar esta co...