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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Campeonato de Fórmula D: última carrera

En breve nos espera la última carrera del Campeonato de Fórmula D que hemos disputado este año. El circuito de Singapur nos aguarda, y determinará quién se llevará el título entre los dos primeros clasificados; la cosa está entre la campeona de 2012, Yenia, y el líder y máximo favorito del campeonato, César, aunque la lucha por la plata y el bronce también se prevé encarnizada.
Con esta serán diez las carreras disputadas, diez meses de dura pugna que arrancaron con mucha ilusión y ganas, por un pleno al diez de jugadores, y que poco a poco, carrera a carrera, ha ido sufriendo bajas (por motivos laborales, que no es todo lo malo) pero sobre todo donde lo que más se ha acusado es el desgaste psicológico de los participantes. Un campeonato que, insisto, venía precedido por el éxito del disputado el año anterior, donde creo recordar que disputamos seis carreras, sin demasiado orden ni concierto, además de otras partidas al margen jugadas por puro divertimento y que nos animó a todos a participar en este maratón mensual que ahora, al fin, concluye.

Tal fue el entusiasmo inicial, que -por ejemplo- durante las primeras carreras se hacía una pausa entre las dos vueltas reglamentarias para merendar, merienda que se encargaba cada vez uno de traer. Se hacían previas y crónicas de las carreras, se tomaban fotografías de los mejores lances del juego, hasta se abrió un blog donde compartir toda esta información. Y todo esto fue paulatinamente decayendo hasta quedar prácticamente reducido a la nada, a la mera actualización de los puntos conseguidos en cada circuito y la necesaria votación de la fecha de la siguiente carrera.
La culpa, me atrevería a decir, es de la idiosincrasia del propio juego. Se ha comparado mucho al Formula D con el parchís (juego que aborrezco desde lo más profundo de mi alma), y ciertamente estamos ante un puro tiradados donde los únicos planteamientos tácticos existentes son elegir el carril por el que circular y en qué marcha hacerlo. Ojo, que no son decisiones fáciles, salvo que las circunstancias obliguen, pero el caso es que el azar es tan, tan determinante en este juego de mesa, que da lo mismo que hayas realizado una primera vuelta perfecta, bastan unas malas tiradas en el dado negro parar mandarte a la mierda. Y utilizo esta expresión porque cuando eres eliminado de una partida que dura de media tres horas no tienes la sensación que quedarte fuera de carrera, sino de que te han dado, sin comerlo ni beberlo las más de las veces, por el culo a traición.
La sensación de hartazgo afectó incluso a aquellos amigos, incautos, que se ofrecieron a jugar como pilotos sustitutos de quienes no podían asistir. Jugadores, ojo, bien fogueados en esto de los eurogames, que veían con desesperación que no importaba si se reservaban rueda para las curvas de dificultad 3, si arriesgaban en sexta o hacían parada rápida en boxes, porque el jodido 1 del dado negro los echaba de la partida a poco que se quedaran sin motor o amortiguación. Quedar un sábado por la tarde en un sótano para jugar durante 180 minutos a algo imposible de controlar puede convertirse en algo muy frustrante, y más si los dados te echan fuera.
Cierto es que una buena o mala decisión puede determinar tu posición final en la carrera, pero es el azar, el maldito azar, el que finalmente manda aquí. Ese azar que le da la vida a este juego y que lo destruye. Porque el Formula D es un gran juego, eso no hay que perderlo de vista, es divertido, competitivo, dinámico... Pero también es cruel, despiadado y aleatorio, facultades que se aplican tanto a los dioses como a los dados. Por ello el Formula D trasciende los simples juegos de mesa para convertirse en una metáfora del mundo real, donde cualquier plan vital que tengas se va al traste porque sí, por puro azar. Y lo mismo que en el juego un 1 en el d20 te deja sin motor y en la cuneta, en tu vida diaria un día te echan del trabajo sin más, se te muere un pariente, te toca la primitiva o encuentras al amor de tu vida. Reconozcamos que nos gusta poco sentirnos así, dependientes de fuerzas que no controlamos. Nos gusta pensar que trazamos nuestro propio destino, que nuestros esfuerzos y nuestro trabajo son suficientes para lograr nuestros objetivos, pero lo cierto es que dependemos más del azar, de la casualidad, de lo que nos gustaría.
Experimentar esa sensación de indefensión en un juego de cochecitos de carreras, mes tras mes, es agotador. Claro, el que gana no se detiene en estas consideraciones, y cree que gana porque ha sido el mejor y descarta la suerte de la ecuación, pero los que vienen detrás saben que en la mesa han actuado fuerzas ingobernables, que con un 9 hubieran entrado en la curva, pero salió un 7, y así, la diversión y el jolgorio se van disolviendo en la hiel de la frustración, y uno acaba blasfemando en arameo y perjurando que jamás volverá a ponerse en la parrilla de salida.
Pero al final vuelves, porque sabes que, en el fondo es sólo un juego. Y porque alrededor de la mesa está lo que verdaderamente merece la pena: los amigos. Y la cerveza, claro. Y ahí el dado negro no tiene nada que hacer.


Como postdata, os dejo esta tira genial. A ver si os sentís identificados:

http://www.elsistemad13.com/comic/545-formula-d-de-detritus/

domingo, 14 de octubre de 2012

Desequilibrados

Estaba viendo el otro día “La trampa”, un triple documental sobre la influencia de la teoría de juegos en el diseño de nuestra sociedad en los últimos cincuenta años. La teoría de juegos es una rama de las matemáticas que estudia las decisiones en las que, para que un individuo tenga éxito, tiene que tener en cuenta las decisiones tomadas por el resto de los sujetos que intervienen en la situación. Como en el ajedrez, no se trata de preguntarnos qué hacer, sino qué hacer teniendo en cuenta qué creemos que va a hacer el otro, según lo que crea él que vas a hacer tú.
En su aplicación en la vida real, nos encontramos con el llamado equilibrio de Nash y el famoso dilema del prisionero. Dos sospechosos de un crimen son puestos en celdas separadas y aisladas. Si ambos confiesan, cada uno será sentenciado a tres años de prisión. Si sólo uno confiesa, el chivato será liberado y usado como testigo contra el otro, quien recibirá una pena de diez años. Si ninguno confiesa, ambos serán condenados por un cargo menor y tendrán que cumplir una pena de sólo un año. La estrategia está clara, ninguno se va a arriesgar a no confesar no sea que el otro te acuse, así que ambos sospechosos confiesan y obtienen entonces una pena de tres años de prisión cada uno. El mal menor. Se ha llegado a un equilibrio, donde ambas partes no pueden cambiar sin empeorar.
El ejemplo que aparecía en el documental era una variante aún más clarificadora de este dilema. Vuelven a escena los dos ladrones. Uno tiene un diamante robado de gran valor y el otro el dinero para comprarlo. Para evitar conflictos, ambos acuerdan hacer el intercambio llevando cada uno el botín en una maleta a un sitio, a la misma hora y dejarlo allí para que el otro lo recoja una hora después. Según el equilibrio de Nash, ninguno de los dos ladrones cumplirá el trato, puesto que lo lógico dicta que no hay que dejar nunca tu maleta. Así, si vas al punto convenido y resulta que el otro tipo ha cumplido su parte, tú te lo llevas todo, pero si el otro tipo ha visto el mismo documental, al menos te queda tu parte. ¿O acaso tú serías el tonto que se arriesgaría a quedarse sin nada por seguir las instrucciones al pie de la letra? Sería ilógico.
Problema: John Nash, por aquello de que además de matemático, padecía esquizofrenia paranoide, no contaba con la irracionalidad del ser humano. Porque la lógica, la teoría de juegos, el maldito equilibrio este solo funciona con personas totalmente egoístas, sin cabida para la caridad, el honor, el altruismo, la sinceridad, el odio, o la venganza. Y sucede que las personas, salvo los economistas, no somos así. Ignorar, como lo han hecho sucesivamente los políticos y demás gente con poder, que han seguido estas pautas para sus planes económicos, sociales, psicológicos, militares, la impulsividad humana, y sobre todo, la capacidad para hacer el bien y el hijoputa, es un gravísimo error que estamos pagando ahora. Y lo que te rondaré, morena.
Dicho en otras palabras, y volviendo al ejemplo anterior del diamante y los ladrones, la lógica no contempla dos casos bien plausibles: a) que, en efecto, el trato se desarrolle tal y como estaba previsto, cumpliendo con la palabra dada, con todos los beneficios a medio y largo que esto puede implicar; y b) quizás la opción más humana de todas: que uno de los dos ladrones, no solo no deja su maleta en el punto acordado, sino que se aposta allí hasta que aparece el otro tipo, entonces lo embosca, lo machaca y le roba su parte.  Nuestra capacidad de tomar decisiones más allá de la lógica es lo que nos hace ser humanos, en lugar de fríos y calculadores robots. Es lo que nos convierte en el héroe que se sacrifica por los demás, o en el villano que lía una matanza porque sí. Y por mucho que se empeñen mercados e instituciones, las personas jamás podremos encajar en un sistema ideado para vulcanianos. Hay que asumid de una vez que somos incapaces de respetar, u obedecer, las pautas de la lógica. Porque unos se pasan de buenos y de honrados, y otros no saben ni lo que esto significa. Lo mejor y lo peor de cada casa se ciscan a cada momento en la teoría de juegos. Porque el lema de la humanidad es “hecha la ley, hecha la trampa”.
Y esto no significa que hayamos de sumergirnos en el caos y la anarquía, sino que hay que dejar de pensar que los números son la palabra de Dios, que todo se solucionará ajustando y cuadrando las cuentas. La economía y sus modelos matemáticos no son compatibles con los seres humanos. Pero si una máquina autoconsciente quisiera someternos, empezaría por ahí. Al final, verás como Skynet no necesita enviar un T-800 contra Sarah Connor para vencer.



El Pueblo de Albacete, 15 de octubre de 2012

Reto Fanzine 2025. ¡Que 20 años no es nada!

Que sí, que este año hay Reto Fanzine. Cómo no iba a celebrarse si cumplimos, ahora sí que sí, ¡dos décadas! La tardanza en publicar esta co...