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domingo, 19 de mayo de 2013

Posapocalípticos

Vivimos tiempos posapocalípticos. No se nota mucho porque el apocalipsis fue más discreto de lo que todos preveíamos. Nada de ríos teñidos de sangre, monstruos venidos de otras dimensiones o resurrección de los muertos (si no contamos los que han surgido en la literatura, cine y televisión). Sólo una leve declinación del sistema, lo justo para ir haciendo caer una a una las piezas de este dominó gigante que es nuestra civilización occidental. En realidad, aún estamos inmersos en esa caída, por eso no nos damos apenas cuenta. Nos han arrojado desde el rascacielos más alto del mundo (el Burj Khalifa, en Dubai, 828 metros) y estamos tan distraídos contemplando las vistas que no somos conscientes de que nos precipitamos hacia un cambio de estado -de sólido a líquido, por espizcación-.
Lo cierto es que no nos prepararon para esto. Toda la vida hemos soñado con un armagedón nuclear que borraría de un plumazo a media humanidad y nos condenaría, de un día para otro, a unos a vivir en cuevas como mutantes y a otros como salvajes de la autopista. O con un virus letal que nos empujaría a llevar una existencia como zombis la mar de hambrienta. O con la rebelión de las máquinas, una invasión extraterrestre, el derretimiento súbito de los polos, o la caída de un meteorito, que destruiría nuestros monumentos más apreciados y que nos sometería como esclavos o nos dejarían el planeta como un erial donde malvivir.
Y no. Estamos tan acostumbrados a la velocidad vertiginosa de estos tiempos modernos que hemos atribuido nuestra ansiedad acelerada al fin del mundo. Y cuando ha llegado, tranquilo y sin hacer ruido, sin oír ni una mala trompeta que la anunciase, ni una voz en nuestros adentros, como le pasaba a Luis Ciges en Así en el cielo como en la tierra, nos hemos quedado igual.
Ah, qué ignorantes somos. ¿Acaso sabían los romanos que estaban en plena caída? Cuando leemos en los libros de Historia, si queda aún alguien que lo haga, los relevos de una civilización a otra parecen tan súbitos e instantáneos como saltar de una línea a otra. De Creta a la Unión Europea en una sucesión de fascículos, donde cada civilización experimenta su ascenso, auge y caída y da paso a la siguiente, en un interpretado proceso natural e inevitable, cuasi mecánico. Leemos esta información y asumimos sin más, desde nuestra perspectiva, que los que vivieron la etapa final lo sabían, y se sentaban a esperar, con una botella de espirituoso en la mano, a que llegasen los bárbaros y los pasasen a cuchillo por decadentes.
En realidad estaban como nosotros, tan tranquilos en sus casas. Jodidos, porque ya no se vivía tan bien como antes, pero distraídos con las tontunas de alrededor. El apocalipsis es lo que tiene, que no avisa, ni se nota hasta que ya es demasiado tarde. Pero claro, si no fuera así, si hubiera remedio para el fin del mundo, menuda castaña de apocalipsis.
El caso es que estamos ya en tiempos posapocalípticos, en ese impass extraño en donde uno no sabe muy bien ni qué hacer ni qué esperar. Pero eso es porque nos puede el ansia y las prisas y queremos ver lo que está por venir. Pero eso no sucederá, porque nos pilla aún muy muy lejos. No nos queda otra que tirar para adelante y seguir viviendo, y luchando por un futuro mejor. Nunca llegará, pero eso no significa que haya que resignarse, que una cosa es el posapocalipsis y otra el conformismo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

La profecía de los Mayos

Aquellos que pedíais un adelanto del Reto Fanzine habéis sido escuchados. Y para ello, y aprovechando que mañana es la findelmundo, os dejo con este texto de nuestro corresponsal Sir Walter Heiss, que ha tenido a bien enviarme este sabroso documento: 

Los MAYAS o ¿Los Mayos?
¿La profecía maya? Creo que nos estamos liando…¿los Mayas? Centrémonos. Si los es un artículo masculino plural, no es común que el sustantivo al que precede sea femenino, y es por lo que digo yo que si no serán las mayas o los mayos.
Eso me cuadra más, los mayos, esos cantes y coplas que se dedican a la madre naturaleza, a las mozas del lugar para poder emparejarse (aunque luego los siglos de cristianismo los hayan camuflado con alabanzas y piropos a la virgen) o a la autoridad competente si se encuentra presente, y que tienen lugar la noche del 30 de abril. Por si alguien quiere tomarse esto de la profecía maya de otra manera, se hace saber que en la localidad de Navas de Jorquera se cantan unos peculiares mayos de invierno que algo o mucho tienen que ver con esa profecía que se empandemia por las redes. En Navas de Jorquera tienen su sede, a nivel nacional, los seguidores del culto a Odín, o los odinistas como los llaman en el pueblo. Ahí va su tradicional mayo que cantan en el paraje de los Humeros:


MAYO ODINISTA DE NAVAS DE JORQUERA (ALBACETE)

Mayo con jota
Ya estamos a veinte
De diciembre cumplido,
Mañana entra Loki
Con mallas vestido.

Bienvenido Loki,
Bienvenido seas,
Quemando Manhattan,
Tokio y Madrigueras.

Prepara el Valhalla
Y una buena cena
Que estamos llegando
Con hambre de hiena.

Thor en el chapista
Tiene su martillo,
Se le sale el mango
Igual que a un cepillo.

Odín a la puerta
Saca la mistela,
Nosotros venimos
A pedir licencia.

Danos la licencia
Pa cantar el mayo,
Aunque sea diciembre
No nos lances rayos.

Con cuerno de vino
Está colorado
Y es señal, valquirias,
Que licencia ha dado.

Ya nos despedimos
Hasta otro año
Que otro Ragnarok
No nos hará daño.

(Jota)

Si el mayo no ha sido a gusto
Castíganos con Gungnir
Y si la lanza no tienes
Envía a la Guardia Civil. 


lunes, 17 de diciembre de 2012

Antes del Fin del Mundo

Anda todo el mundo medio idiota con esto del fin del mundo. Aunque casi nadie se lo toma en serio –hay quien sí-, se ha convertido en un tema recurrente de conversación. ¿Qué vas a hacer el día de antes del fin del mundo?, te dicen, y uno se muerde la lengua hasta averiguar si estás ante un cachondo o un imbécil para poder responder en consecuencia. Y es que a quien te lo inquiere de broma, aunque no tenga gracia, siempre puedes devolverle la intención espetándole cualquier réplica disparatada.
Pero, ojo, con ese que parece buscar sentido a la vida en tu contestación. ¿Qué harías un día antes de que todo se fuera al pijo? Sinceramente, nada bueno, pero eso no lo puedes decir, claro, no puedes dejar entrever la negrura del alma humana que llevas dentro y sueltas algo del tipo “reunirte con mis seres queridos” o algo así, que no tiene por qué ser del todo mentira pero, sí acaso, tampoco iba a ser lo primero en el orden del día.
“¿Cómo sabes que el fin del mundo no ha sucedido ya?”, me decía alguien el otro día, y me citaba a Aldous Huxley para reforzar su idea: “¿Cómo sabes si la Tierra no es más que el infierno de otro planeta?”. Hombre -le dije-, primero, porque no se está tan mal, y segundo, porque sigues aquí de una pieza. Ay, ese lado malo que tenemos todos, alimentado de traumas, rencores, frustraciones… Esos deseos insatisfechos, envidias y venganzas serían lo primero que aflorarían en nuestras últimas horas sobre la Tierra. El caos, la devastación y los ríos de sangre correrían por las calles desde el último amanecer hasta nuestra última hora de vida, en la que, entonces sí, correríamos a abrazarnos a nuestra madre, pareja o el perro. Pero hasta la llegada de ese momento de súplica y rendición a lo inevitable, bien seguro que a todos nos gustaría ajustar algunas cuentas, no vaya a ser que en el Juicio Final también haya abogados.
La milonga de las escenas de pánico del año 1000, que nunca existieron, iban a hacerse ahora realidad, solo que en lugar de dejarnos llevar por el terror ante el advenimiento del Anticristo,nos liaríamos la manta a la cabeza para ir tachando nombres de nuestra lista negra a golpe de faca y recortada. Porque así somos los humanos, rencorosos cual ángeles vengadores, cabrones como perros del hortelano del infierno. Aquí no sobrevive ni Dios.
Pero tranquilos, que como pasó con el Efecto 2000, ese que iba a dejar caer a los aviones sobre nuestras casas, no pasará nada. El sol saldrá, el paro aumentará y la vida seguirá su discurrir habitual. Y los agoreros apocalípticos de turno se sacarán de la manga dentro de unos meses un almanaque azteca, un párrafo bíblico o cualquier otra sandez con sabor a antiguo, que ya se sabe que cualquier mierda, cuanto más vieja y oriental sea, más axiomática tiene que ser, y volveremos a estar como los galos de Asterix,temiendo que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas.


El Pueblo de Albacete,  17 de diciembre de 2012

domingo, 18 de noviembre de 2012

La apoteosis de los macarrones

Atendiendo a los lectores habituales que achacan que en las últimas columnas me estaba poniendo demasiado intenso y existencialista, paso a contar hoy un hecho verídico relacionado con la cocina.
Ubiquémonos en un piso de estudiantes hace ya dos décadas adonde habíamos arribado no menos de seis personas en una noche de esas largas que no acaban ni aún saliendo el sol. Nuestros cuerpos, castigados duramente por las inclemencias de la prolongada jarana, reclamaban a la par descanso y alimento, sin que acabáramos de decidirnos qué saciar primero, si el hambre o el sueño. Una rápida votación a bote de cerveza alzada decantó el orden del día por la cocina, y ya con el estómago lleno, yaceríamos donde se pudiera.
Con esa determinación que da el haber caído en la marmita de la poción mágica repetidas veces, y a falta de un Clemenza que nos hiciera de chef, nos plantamos los seis en la pequeña cocina listos para encender los fuegos y saciar el apetito con lo que allí encontrásemos. Tras un rápido inventariado, la opción más lógica, por comodidad y rapidez, fue hacer macarrones.
En una olla descomunal previamente llena de litros y litros de agua, y recios puñados de sal, arrojamos kilo y medio de pasta. Este punto de la receta no había lugar a discusiones.
No ocurrió lo mismo con el sofrito. Resultó imposible delegar la tarea en una sola persona, puesto que todos tenían su propia receta, su punto clave, su sistema a la hora de freír las cosas, así que se optó por admitirlo todo.
En una paellera, calentamos aceite. Luego se le echó cebolla. Picada y sin picar, pues había a quien le gustaban los trozos grandes. Alguien picó un ajo y lo arrojó también. No había menos de tres útiles de madera dándole vueltas a aquello a la vez. Otro encontró una lata de champiñones laminados, y al fuego que fueron, con caldo y todo. Del fondo de la nevera se recuperó algo de embutido: unas chullas de jamón serrano, algo de salchichón y chorizo y medio. Todo fue convenientemente troceado y añadido a la paellera.
Bullía la pasta ajena al maremagnum que se freía en el fuego vecino. Corrían aún las latas de cerveza barata y todavía quedaba mucho por añadir. Un valiente espizcó una corneta por encima del sofrito, por aquello de darle cuerpo y picor, ignorando que el chorizo que habíamos puesto antes venía cargado con pimentón del mismísimo infierno. Aquello del “darle cuerpo” convenció al resto, que tomaron por asalto los frascos de especias y fueron lanzado puñados de orégano, tomillo, romero, pimienta negra y blanca, albahaca y juraría que hasta canela. Todo ello entre empujones, risas y enfados a la par, pero sin miedo ninguno. Supiera lo que supiera, aquello nos lo íbamos a comer.
Mi aportación que resultó insólita, y por suerte, única, fue verter medio vaso de coñac Soberano, para ver si el alcohol lograba depurar algún sabor de aquel mejunje. En cuanto se evaporó lo espirituoso, cayó como lava el contenido de dos o tres tetrabricks pequeños de tomate frito, que los removedores repartieron por igual por toda la paellera. En aquel punto los macarrones estaban más que cocidos, pero se puso el fuego al mínimo porque allí todavía quedaba mucho por decir.
Y así, se volcaron unas salchichas frankfurt partidas en tres trozos cada una y, en un giro cinéfilo, unas albóndigas -de lata- en honor a El Padrino. Cuando la argamasa parecía lista, emergió una voz quejumbrosa reclamando que él hubiera preferido los macarrones con nata, a la carbonara, y para no defraudarle, otro tetrabrick de nata fue extendido sobre la ya consistente salsa, a todas luces apocalíptica.
Escurridos los macarrones con ayuda de dos o tres coladores y un trapo de cocina, acabamos por vaciarlo todo sobre la paellera que, llevada en volandas hasta el salón, fue colocada con honores en la mesa, ante la mirada, entre ansiosa y estremecida de todos los presentes.
Fue entonces cuando hizo acto de presencia ¡una mujer! que no daba crédito a lo que veían sus ojos. Su actitud descreída y reprobadora fue el acicate que necesitábamos todos para lanzarnos como perros hambrientos sobre los macarrones definitivos, de los cuales dimos buena cuenta, aunque fue imposible acabárselos todos.
Solo entonces, atiborrados hasta las orejas, nos concedimos un merecido descanso. No hubo ni un ardor, ni un retortijón, ni un mal gas. Solo la extraña sensación compartida de haber vivido un momento irrepetible.


El Pueblo de Albacete, 19 de noviembre de 2012

domingo, 9 de septiembre de 2012

El fin del mundo

La cosa comienza con el anuncio de problemas crecientes empezando por una seria crisis económica en los países dominantes de la economía, como son EEUU e Inglaterra. Esta crisis se proyectará a todo el mundo debido a que la capacidad adquisitiva de todas las monedas será cada día inconteniblemente menor.
Las guerras pequeñas y revoluciones se multiplicarán con riesgo de degenerar en una nueva guerra mundial total que resultaría de incalculables consecuencias. Esta guerra total es evitable si el hombre así lo desea, pero lo que es inevitable es la muerte trágica de enormes multitudes, de millones de seres humanos, que serán “tragados por la Tierra”. Así pues, la tragedia que parece estar ya a la vista sería menos trágica si fuéramos capaces de razonar y entendernos. Pero habrá torrentes de palabras hipócritas que nos hundirán en conflictos más complejos.
Los conflictos políticos serán cada día peores y abarcarán a más países, con riesgo de convertirse en guerra mundial. Los pueblos humillados y envilecidos por las “razas superiores” empuñarán la espada para romper sus cadenas y cuanto más se trate de evitar esta ansia de liberación, mayor será la tragedia, más muertes y más víctimas vivirá el mundo.
Habrá alarmantes fenómenos naturales en constante aumento, un recrudecimiento de los fenómenos telúricos como terremotos, marejadas, volcanes, derrumbes, hundimientos de montañas.
Poco después, mientras los seres humanos entran en conflicto armado, el mundo sufrirá un cataclismo y el eje terrestre cambiará su posición respecto del Sol, quizá en sentido vertical respecto de su órbita. Esto bien podría ser consecuencia del encuentro con algún cuerpo estelar errante. Morirán dos de cada tres personas.
A partir de entonces, la humanidad vivirá de muy distinta manera. O quizá ni siquiera exista humanidad, pues si las fuerzas del mal, en forma de bombas nucleares, llegan a desatarse nuevamente, nadie sabe quién quedará vivo y en qué condiciones de salud quedará; quizás sean monstruos deformes y de corta vida; tal vez vuelva el mundo a una edad primitiva hasta que la radiactividad disminuida permita de nuevo la vida, que nadie siquiera puede imaginar en qué forma y cómo empezará...
Y hasta aquí queda la profecía más o menos expuesta. Si comparamos lo hasta ahora leído con lo que nos vomitan encima los medios de comunicación últimamente, parece que nos quedan dos telediarios y un Informe Semanal, tal y como nos han contado los estudiosos del esoterismo maya, con lo que parece que sólo cabe esperar a ver si te mata el hambre, una bomba de neutrones, un terremoto o el cambio del eje terrestre. Porque mejor muerto que morlock. Entonces, se acabó preocuparse por cobrar el paro, pagar las medicinas o la educación de los niños, mejor vivir lo que nos queda como si fuera Feria. Como si no hubiera un mañana.
O no, porque según el libro este, entitulado “Dramáticas profecías de la Gran Pirámide”, de Rodolfo Benavides, el apocalipsis debía haber sucedido en 2001. Así que, o no hay Juicio final y toca apechugar con lo que tenemos encima, o vamos con mucho retraso a nuestro final. Ojalá sea esto último.


El Pueblo de Albacete, 10 de septiembre de 2012

lunes, 4 de junio de 2012

Una carta del año 2022

Talavera von Queen, 4 de Liu Yue de 2022-----

HOYGAN KoLegas Duropa.... haBer Si pueDeh alluDar a Mih Pais Spaña Q sTamoZ BstaNteh xuNgo poR No dcir Pior Q maL.... yeZke aki ay Muxo Paro y Max dsPeRazioN xQ ZoLo ay Kurro parah Lo xinoS y eSke dsde er resKate deL DOSMIL12 no teNemoh mah Q haRoz pa Komer y neSeciTamoZ Q uZtedes nueZtroh KoLegas Uropeos Nos exen 1 maNo
EEEEH.... No Me seaN KabroNeh xfavol Q StaMos aTraveSiando uNa Krisis Mu PuTamaDre de JranDe y yaZtamos artos d ser KmaReros e putas dustedes nueZtroh KoLegas Uropeos y keremos ---Nose--- pueS acer oTras Kosas Komo sTudiaR o aLgo aSin eeh --- LoKesea Pero keremoh ser Gefes Tamien e Tener Bugas too wapos Komo los D uZtedeh Q yazTabieN D PaSarLo xungo Q no PenSarse Q nos KoNtentaN Kon un poco droja aciendo la bista gorda con los Porros e los nokias  quintibanda e el RegeCamaRon eh aLueGo Pa heZTar KomieNdo NaMas Q aRRozzz.....
Y No Se m aHGan MaLah saNGre eeeeeeeeeeh.... Q no eSqe ZeaMos DesagraZediDos ni Q no SaVamos ApreZiar lo Q an exo X NosoTros nel pasaDo Q si No Zomos ProVinzia D los Morocos eh Grazias a uZtedeh nueZtroh KoLegas Uropeos.... aaaaah HOYGAN---- q NosTamos de vasiLeh pero kreo Q NoSoTroh TaMien Te-Nemos Derexo a las Mizmas Kasas jraNdes e wapas kOmO las D NuesTros Kridos KoLegah ALemaNeh Kabezaboxe xQ Tmien los SpañoLes sEmOs PerSonaS uMaNas e Te-Nemos Derexo a bibir Vien Komo uZtedeh nueZtroh KoLegas Uropeos HOYGAN
E Q KosTe Q loStamos piDieNndo D wenas eeeeeeeeh xQ la JenTe Sta mui KaBreada e No sSe KuaMto tieNpo Mas pOdrEmos mi JoVieRno e LLo manteNer elOrdeN e Lalei Kon la poLicia N las kLLes axAntAndo al perZoNaL a vase de Oostias pero si NO nOs aLLudan ProNto L dia MeNos peNsaDo deGo Q la jeNTe se reGueLte e la Lie parDa.... sabessssss!!!.... e se moNTe aki una RRebeLion NiqueLa Q nos comemos bivos a tocristo..... xq aki no semos mogoLes ni anaL-fabetoh como dizen uZtedes nueZtroh KoLegas Uropeos HOYGAN....
Pero bamos.... q x las wenas lo q ahga farta..... soLo con Q nos HaBran eL jriFo e Djen D apreTarNos las TuerKas e Bamos a ieVarNos wapaMenTe e a eXar uNas riSas ToDos juNtos N la BruseLLas esa aNde Nos biMos la huLTima ves....

PorData----- HOYGAN..... esKrivo esto N 1 karta de papeL xQ NO me KontestaN uZtedes neNGuno al MSN ni aL wasap ni aL tuenti, e aL feisbuk no me TeNneis aGregao asinQe esPeRo que eZto deL maiL de papeL vos yegue Bien e KontesTis Pronto Q nos urgue.... AAAAH, e maNdaR Tabako, Q no nos qDa ni 1 cigaRRo en NueBa MoNKloa!!!!

YoNNi VeGa MaRTiNeZ eL ReSHuLo...
PreSiDeNte DL JoVieRno de Spaña




El Pueblo de Albacete, 4 de junio de 2012

lunes, 28 de noviembre de 2011

Ojico con los villancicos

Yo ya lo voy advirtiendo para que luego no les coja de sorpresa. Que sí, que llega la Navidad y hay que crear un ambiente festivo y conmovedor para animar al consumidor a gastar, y si de paso se despiertan los buenos sentimientos, pues mejor. No tengo nada en contra de la iluminación navideña, de los arbolitos, los portales de Belén o los papás Noel que trepan por las ventanas. Cada cosa cumple su función, siendo las más extendidas la de hacer un moderado ridículo, causar daños irreparables a las retinas, o amontonar polvo. Todo sea por la paz y el buen rollo. Incluso los integristas de las buenas costumbres hispanas -esa misma gente que tuerce el morro cada Halloween-, siente el espíritu de la Navidad y acaba por mezclar árbol, belén, Reyes Magos y Santa Claus, por hacer felices a los críos.
Lo que no me explico es por qué, si de lo que se trata es de bombardear sensorialmente al individuo con oleadas de buenos sentimientos (aquí el trabajo de programación mental de las películas de la tele es impecable y necesario), de inducirlo a un trance en el que le parezca genial fundirse la paga en marisco congelado, champán toledano y regalos que apenas puede permitirse para todo quisque, por qué –insisto- ponen en todas partes villancicos.
En la guerra de Irak, los norteamericanos torturaban psicológicamente a los prisioneros de guerra haciendo sonar una y otra vez “Enter Sandman” de Metallica, en los barracones que hacían de celdas. Pero también la canción infantil de Barney el Dinosaurio Morado, y algunas de Barrio Sésamo. Mientras, las luces parpadeaban. ¿Les suena familiar? Esta forma de tortura, que ha sido ampliamente documentada, parece la base sobre la que se sustenta el empleo machacante de villancicos en navidad, pero no acabo de descubrir cuál es el propósito final de este maquiavélico plan. ¿Comprar más? ¿Comprar más rápido, sin detenerte a pensar en lo que te estás llevando o lo que te está costando, porque solo piensas en huir? Podría funcionar en los hombres, pero ellas han recibido sobrado adiestramiento en estas lides en sus tiendas de ropa y juraría que son casi inmunes.
Villancicos, no puedes escapar de ellos. Están por todas partes, en todos los comercios, tiendas, supermercados, estancos y funerarias. Los sacan a la calle, maldita sea, en altavoces gigantes por si aún no te habías dado cuenta de en qué época del año estabas. Se te meten en el sentido y se instalan en tu cerebro como un parásito que, poco a poco, pone huevos y sus larvas se alimentan de las pocas neuronas que te quedan sanas después de los excesos de alcohol y las radiaciones del móvil.
En estos sitios pinchan dos tipos de villancicos, a cual más horrible. Uno, los interpretados por coros de voces blancas, que se me antojan niños encerrados en un oscuro sótano, sometidos bajo siniestros abusos sexuales, y obligados a cantar, una y otra vez, lo de la Virgen que se está peinando. A veces, hasta creo oír que piden ayuda entre líneas. Me producen el mismo efecto en el sistema nervioso que arañar un plato con un tenedor.
El segundo tipo es aún peor, los ejecutados por una especie de coro rociero. Villancicos aflamencados cantados por Raya Real o cualquiera de sus innumerables clones. Por lo general, cualquier cosa cantada por estos grupos me hace pensar en que sería más agradable que te hicieran una gastroscopia después de una colonoscopia sin limpiar el mismo chisme.
Esta clase de villancicos me despiertan ese Hulk que todos llevamos dentro. Porque los de verdad, los cantados en vivo por los aguilanderos, los chiquillos, o tus cuñados, son otra historia. Entra dentro de lo tolerable, y hasta puede ser divertido, rememorar a voz en grito con los parientes y amigos el  incidente entre el hombre ese que hacía botas y San José, o esa crónica del tráfico de costo en borriquilla en Oriente medio, o la del tamborilero de Raphael, mientras golpeas una pandereta de los chinos. Sin embargo, esas mismas tonadas grabadas por profesionales, ya sean devotos de la Blanca paloma o efebos encadenados, son un arma de destrucción masiva.
Así que aviso, no podemos tolerar por más tiempo el bombardeo acústico constante de villancicos, esa agresión sonora a nuestra psique y a nuestro buen oído. Porque no estoy seguro de que la humanidad sucumba en un Apocalipsis Zombi, pero no descarto que los villancicos provoquen una Tercera Guerra Mundial.



El Pueblo de Albacete, 27 de noviembre de 2011

viernes, 27 de mayo de 2011

Una sugerencia para la nueva corporación municipal (Sesenta mil satanases, 64)

Con el cambio de gobierno regional y local se avecinan cambios. Intuyo que muchos y no todos serán del agrado del respetable pero estamos en crisis y es lógico pensar que quien gobierna ha de tomar decisiones peliagudas. Sospecho, por la cantidad de promesas electorales que he ido leyendo estas semanas atrás, que la nueva corporación municipal tiene una agenda de actuaciones muy larga, pero no he visto nada sobre el problema zombi.

Está claro que, en el orden de prioridades del Partido Popular, el tema de los muertos vivientes no ocupa un lugar privilegiado, quizás ni siquiera lo hayan contemplado, no estoy seguro –al contrario que sus cuarenta y seis mil y pico de votantes, no he podido leer el programa con el que han ganado los comicios-. Crear puestos de trabajo, prohibir el botellón, dinamitar el carril bici de la calle del Ángel son, a priori, problemas a los que urge dar respuesta en la capital, pero si esperamos a que estemos todos pintando farolas en el parque, bebiendo litros en el trastero y aparcando en zona azul, quizá sea demasiado tarde. No estaría de más ir organizando, no digo que una Concejalía Zombi, pero sí al menos un comité, o encargar un estudio a la UCLM.

Porque, duele reconocerlo, Albacete no está preparada para el Apocalipsis Z.

Y dudar de que este día llegará es una grave imprudencia, por tres evidentes razones que se me ocurren a bote pronto: uno, hay albaceteños por todo el mundo; dos, un albaceteño es más que susceptible de ser víctima de cualquier epidemia que se desate; ergo, tres, si hay un estallido de virus Z en breve, como promulgan todos los expertos en zombiología, al menos un albaceteño lo pillará y cuando regrese para Feria estaremos todos condenados.

Día tras día compruebo cómo nuestra bella ciudad carece de la más elemental infraestructura para la defensa ante una plaga zombi. El empeño de los años de gobierno socialista en convertirnos en la ciudad de la movilidad, de la accesibilidad, ha conllevado un lado oscuro que nadie parece haber previsto: los zombis tienen total libertad de movimiento por nuestras calles y plazas. Hasta les hemos puesto rampas y ascensores para que puedan llegar a los puntos medianamente altos como la plaza de La Mancha.

Ni siquiera los coches aparcados nos sirven de barrera, puesto que la enfebrecida instalación de bolardos en aceras y esquinas han creado brechas en el perímetro por el que estos muertos caníbales pueden alcanzarnos. Quiera Dios que cuando el Día Z llegue, nos toquen zombis clásicos, porque de ser de los rápidos, no duraremos ni un Informe Semanal.

Qué decir los posibles refugios. Nuestros centros comerciales o están demasiado cerca, o demasiado lejos. Quizás a quien le pille en Imaginalia pueda sobrevivir unas semanas, pero deberá enfrentarse al aislamiento y a los saqueadores. Es una pena que nos cargáramos los refugios antiaéreos, podían haber sido una buena opción. Las urbanizaciones parceleras del extrarradio son la despensa perfecta para estas criaturas infernales. La base aérea de Los Llanos podría ser la respuesta, si no fuera porque es más que probable que sea la primera en caer al ser infectada desde dentro, por culpa del aeropuerto. Si hemos de recurrir a militares, mejor acudir al Polvorín de Chinchilla, ciudad a la que muchos huirán en primera instancia, por su carácter -en apariencia- más defensivo. Un error lógico, puesto que esto no hará más que incrementar las posibilidades de infección. Y propagar el desastre.

Según se desprende de este somero ejercicio de observación, somos una población extremadamente vulnerable, desinformada y, lo más importante, desarmada. Cierto es que no nos escasean las escopetas de caza, pero la experiencia nos ha enseñado que la mejor herramienta para estas invasiones de muertos es la prevención y un arma de mano del tipo escavillo con la que desmochar a un zombi de un solo golpe.

Urge, pues, ir introduciendo los más básicos principios de defensa y ataque contra zombis en la sociedad albaceteña, por todos los medios de que dispone el Ayuntamiento. No estaría de más, por ejemplo, un cine-fórum en la Filmoteca, unas jornadas en la Universidad, alguna exposición en el Museo Municipal, talleres para niños en las Escuelas de Verano y para adultos en la Universidad Popular. Junto al reparto de mazas, hachas y escavillos, conmemorativos de la Virgen de los Llanos o del Pincho la Feria para que así aumente la demanda, iríamos dando pasos hacia la correcta supervivencia. Nuestros cerebros están en juego.


El Pueblo de Albacete, 29 de mayo de 2011

lunes, 20 de diciembre de 2010

Nos la van a meter doblá...


...y con los pelos p'adentro.
Y estoy hablando de la Ley SInde, cuya aprobación de tapadillo parece imparable mañana martes.
Más información aquí y aquí.
Son estas cosas las que me hacen pensar en el brutal retroceso de las libertades que estamos experimentando en los últimos diez años. Mire donde mire, solo veo prohibiciones y zancadillas, un ansia institucional por aborregarnos y convertirnos en putos zombis.
Es lo que pasa cuando se legisla con el bolsillo, presionado por las corporaciones, de aquí y de fuera, que financian/publicitan a los partidos. Es lo que pasa cuando los políticos cobran en piscinas, cuando les preocupa más su escaño que la gente que les votó, cuando les interesa quedar bien con la señora Clinton y no con un tipo de Albacete (que les paga el sueldo).
Eso sí, el año que viene bien que vendrán a darme por el culo con sus carteles, sus lemas absurdos, sus papeletas electorales, sus programas más endebles que el envoltorio de los kinder sopresa. Que se vayan a la mierda. Todos.
Tenía un amigo de crío al que, después de leerse Drácula, le daba miedo encontrarse con un vampiro. Yo me leí 1984 y Un mundo feliz, así que pueden imaginarse qué me asustaba a mí.
A fin de cuentas, a Drácula podías cargartelo con una estaca, ajo y una cruz. Contra los otros monstruos no había escapatoria.
Llega el Apocalipsis...

jueves, 30 de abril de 2009

Gripe porcina o virus Z

La mayoría de la gente no admite que algo puede pasar sino hasta después de que ha pasado. Eso no es estupidez ni debilidad, es sólo la naturaleza humana. No culpo a nadie por no creer. Y no me considero mejor ni más listo que ellos. Supongo que todo se reduce a un simple accidente de nacimiento. Sucede que yo nací dentro de una sociedad que vive con un constante temor a extinguirse. Es parte de nuestra naturaleza, parte de nuestro estado mental, y hemos aprendido a través de muchos errores y ensayos a estar siempre en guardia.

El primer aviso que tuve de La Peste fue a través de nuestros amigos y clientes en Taiwán. Llamaron a quejarse de nuestro nuevo software de decodificación de mensajes. Aparentemente había presentado fallas al descifrar unos e-mails de sus fuentes en la República Popular, o al menos los había descifrado tan mal, que el mensaje resultaba incomprensible. Sospeché que el problema no debía estar en el software, sino en los mensajes como tal. Los rojos del continente… supongo que ya no los llamaban rojos… ¿pero qué espera de un viejo como yo? Los rojos tenían la mala costumbre de usar muchos tipos diferentes de computadores, de distintos países y generaciones.

Antes de sugerirle esa solución a Taipei, pensé que sería una buena idea revisar yo mismo los mensajes. Me sorprendió ver que los caracteres estaban claramente decodificados. Pero el texto… tenía que ver con algún tipo de virus que primero eliminaba a la víctima, y luego reanimaba el cadáver como algún tipo de animal furioso y homicida. Por supuesto, no creí que eso fuese literal, especialmente porque unas pocas semanas después, estalló una crisis en el área de Taiwán y todos los mensajes sobre cadáveres reanimados dejaron de llegar. Sospeché que había una segunda capa de encriptación, un código dentro de otro código. Era un procedimiento normal, que se remontaba incluso a los primeros días de la comunicación humana. Por supuesto que los rojos no podían estar hablando de cadáveres reales. Tenía que ser algún sistema nuevo de armas, o un plan de guerra ultra secreto. Dejé el asunto ahí, y traté de olvidarme de él. Sin embargo, como uno de sus grandes héroes nacionales solía decir: “Mi sentido arácnido me alertaba.”
(...)

Guerra mundial Z. Max Brooks

Gripe porcina o Capitán Trotamundos...

La CBS no emitió en toda la noche. La NBC tenía una programación regular, pero la imagen de la filial de ABC se difuminaba a cada momento, y a veces se borraba por completo para después reaparecer de súbito. El canal de la ABC sólo pasaba viejos programas grabados, como si el nexo con la red se hubiera cortado. No importaba. Lo que Nick esperaba era el noticiario.

Cuando empezó, se quedó perplejo: la noticia del día era la «epidemia de supergripe», como la llamaban ahora, pero los locutores de ambas emisoras dijeron que ya estaba siendo dominada. En el Centro de Control de Epidemias habían elaborado una vacuna, y a comienzos de la semana siguiente los ciudadanos podrían conseguir que su médico se la administrara. Al parecer, los brotes eran graves en Nueva York, San Francisco, Los Ángeles y Londres, pero los estaban conteniendo en todas partes. En algunas zonas, agregó el locutor, se habían cancelado temporalmente las reuniones públicas.
En Shoyo, pensó Nick, toda la ciudad había sido cancelada. ¿Quién engañaba a quién?
Al final, el locutor dijo que seguían restringidos los viajes a la mayoría de las grandes áreas urbanas, pero la situación se normalizaría apenas se contara con suficiente vacuna. A continuación pasó a ocuparse de un accidente de aviación ocurrido en Michigan y de algunas reacciones en el Congreso ante el dictamen del Tribunal Supremo sobre los derechos de los homosexuales.
Nick apagó el televisor y salió al porche. Allí había un columpio y se sentó en él. El movimiento de vaivén resultaba relajante, y no podía oír los chirridos del herrumbre, pues John Baker se había olvidado de engrasarlo. Se quedó mirando las luciérnagas que formaban irregulares festones en la oscuridad. Se percibían relámpagos entre las nubes allá en el horizonte, haciéndolas asemejarse a monstruosas luciérnagas del tamaño de dinosaurios. La noche resultaba pegajosa y agobiante.
Como para él la televisión era un medio exclusivamente visual, había notado algo que quizá pasó inadvertido a los demás: no habían proyectado anuncios de películas, ni resultados de béisbol. El informe meteorológico fue vago, sin un mapa que mostrara las variaciones... como si la Oficina Meteorológica de Estados Unidos hubiera cerrado sus puertas.
Los dos locutores le habían parecido nerviosos y ofuscados. Uno de ellos tenía un resfriado. Tosió una vez frente al micrófono y pidió disculpas. Y ambos habían mirado nerviosamente a derecha e izquierda de la cámara, como si hubiera alguien más en el estudio, alguien encargado de vigilar que no se extralimitaran.

(...)

Apocalipsis. Stephen King

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