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domingo, 3 de marzo de 2013

Conspira, que algo queda

Todo lo que sucede ahora mismo en España es fruto de una conspiración. Un grupo de malvados y siniestros personajes están moviendo los hilos para hacerse con el control de nuestro país de tal manera, que aunque lo estemos viendo venir, no sólo no podamos hacer nada en contra, sino que además estemos encantados.
Está claro que se ha desatado una fortísima campaña mediática para lograr que la ciudadanía desarrolle un profundo rechazo hacia las figuras políticas que, hasta ahora, ocupaban un lugar predominante en los informativos, con permiso del Real Madrid. Escándalos, corruptelas, actuaciones, declaraciones y gestos más propios de chimpancés lobotomizados… Todo obedece a la misma causa, que al ciudadano español, sometido al condicionamiento pauloviano, le suba la bilis a la garganta de asco y rabia cuando piense en política y políticos. Así, cuando esta mano negra decida dar su golpe de efecto, y barra de un plumazo a los presentes cabezas de lista para poner a su hombre de paja, nos asentará el estómago cual sobre de Almax.
Porque gilipollas, chanchullos y cadáveres los hay en todos los armarios de todas las sedes políticas, de toda la vida. Y es curioso que, siempre que se ha llevado ante un juez a dirigentes y gestores de la administración pública de cierto nivel y altura, los de arriba del todo del organigrama siempre se han librado del fuego cruzado y el ventilador enmierdado. Pero ahora no es el caso. Hoy las balas silban en los oídos de los primeros espadas, y cada vez que abre la boca un subalterno es para comprar gasolina y cerillas.
Y ya no es solo que veamos expuestos los trapos sucios del grupo que manda, la ofensiva va contra todos y en todas direcciones. Así, estamos presenciando la ruptura de las disciplinas internas, el resquebrajamiento territorial, debates que no llevan a ninguna parte, medidas antisociales sin fuste, discursos que son pura exhibición de estulticia, etcétera.
Esto no puede ser casualidad.
Los expertos de la cosa europea miran hacia Alemania, y plantean que el objetivo de la conspiración sea reemplazar a corto plazo al presidente por un tecnócrata a sueldo de la Merkel, sin paso previo por las urnas. Un salvador, un mesías low cost –español, nadie se arriesgaría a traer a un Pepe Botella II- que dirija este país, con germánicas maneras, por la senda que más convenga a los intereses del Cuarto Reich. Y así, al fin, seríamos europeos, en cuerpo y alma, y no sólo para pillar subvenciones.
Aún así, y conociéndonos, no hay garantías de que este Neo de la realpolitik vaya a conseguir su objetivo. Las conspiraciones también tienen sus puntos flacos, y no es lo mismo varear el olivo que tirar de los mantos. Y Numancia no es Berlín.
Pero, si después de todo, no hay conspiraciones, entonces, no entiendo nada.




lunes, 17 de diciembre de 2012

Antes del Fin del Mundo

Anda todo el mundo medio idiota con esto del fin del mundo. Aunque casi nadie se lo toma en serio –hay quien sí-, se ha convertido en un tema recurrente de conversación. ¿Qué vas a hacer el día de antes del fin del mundo?, te dicen, y uno se muerde la lengua hasta averiguar si estás ante un cachondo o un imbécil para poder responder en consecuencia. Y es que a quien te lo inquiere de broma, aunque no tenga gracia, siempre puedes devolverle la intención espetándole cualquier réplica disparatada.
Pero, ojo, con ese que parece buscar sentido a la vida en tu contestación. ¿Qué harías un día antes de que todo se fuera al pijo? Sinceramente, nada bueno, pero eso no lo puedes decir, claro, no puedes dejar entrever la negrura del alma humana que llevas dentro y sueltas algo del tipo “reunirte con mis seres queridos” o algo así, que no tiene por qué ser del todo mentira pero, sí acaso, tampoco iba a ser lo primero en el orden del día.
“¿Cómo sabes que el fin del mundo no ha sucedido ya?”, me decía alguien el otro día, y me citaba a Aldous Huxley para reforzar su idea: “¿Cómo sabes si la Tierra no es más que el infierno de otro planeta?”. Hombre -le dije-, primero, porque no se está tan mal, y segundo, porque sigues aquí de una pieza. Ay, ese lado malo que tenemos todos, alimentado de traumas, rencores, frustraciones… Esos deseos insatisfechos, envidias y venganzas serían lo primero que aflorarían en nuestras últimas horas sobre la Tierra. El caos, la devastación y los ríos de sangre correrían por las calles desde el último amanecer hasta nuestra última hora de vida, en la que, entonces sí, correríamos a abrazarnos a nuestra madre, pareja o el perro. Pero hasta la llegada de ese momento de súplica y rendición a lo inevitable, bien seguro que a todos nos gustaría ajustar algunas cuentas, no vaya a ser que en el Juicio Final también haya abogados.
La milonga de las escenas de pánico del año 1000, que nunca existieron, iban a hacerse ahora realidad, solo que en lugar de dejarnos llevar por el terror ante el advenimiento del Anticristo,nos liaríamos la manta a la cabeza para ir tachando nombres de nuestra lista negra a golpe de faca y recortada. Porque así somos los humanos, rencorosos cual ángeles vengadores, cabrones como perros del hortelano del infierno. Aquí no sobrevive ni Dios.
Pero tranquilos, que como pasó con el Efecto 2000, ese que iba a dejar caer a los aviones sobre nuestras casas, no pasará nada. El sol saldrá, el paro aumentará y la vida seguirá su discurrir habitual. Y los agoreros apocalípticos de turno se sacarán de la manga dentro de unos meses un almanaque azteca, un párrafo bíblico o cualquier otra sandez con sabor a antiguo, que ya se sabe que cualquier mierda, cuanto más vieja y oriental sea, más axiomática tiene que ser, y volveremos a estar como los galos de Asterix,temiendo que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas.


El Pueblo de Albacete,  17 de diciembre de 2012

domingo, 28 de octubre de 2012

Cuerdas y ladrillos

En la misma mañana me tropiezo por la calle con un abuelo que camina a lo suyo, con varias largas hebras de cuerda de plástico en la mano, y dos chiquillos que vienen de jugar al fútbol sala, y van pateando un ladrillo.
El abuelo camina en línea recta,  mientras va trenzando las cuerdas  casi con una sola mano. Es una acción rutinaria para él, y lo hace con maestría, sin mirar lo que están haciendo sus dedos. Mira hacia adelante, teniendo cuidado en los pasos de cebra. Incluso se para antes de cruzar y le hace señas al coche se que ha detenido ante él de que pase primero. O lo que es lo mismo, el peatón acaba de cederle el paso al automóvil. En un paso de cebra. El conductor no se lo piensa dos veces y tira para delante, sin agradecerle el gesto. O al menos, desde mi posición, no he visto que le haga ningún gesto. Solo entonces el hombre, que mira a izquierda y derecha, cruza y prosigue con su pausada caminata. Me recuerda a mi propio abuelo, que también parecía tener un don para trenzar cuerdas, gomas elásticas y, sobre todo, esparto, hasta convertirlo en toda clase de cosas: vasos, sombreros, fundas para las botellas de vino... Un saber que se perdió con él, por cierto.
Poco después me encuentro con los dos críos. Vestidos con el mismo chándal con el nombre y el escudo de su equipo serigrafiados, cargados con dos abultadas mochilas donde, supongo, llevarán el resto de la equipación. No tendrán más de trece años, aunque no sabría decirlo porque datar a ojo a la gente nunca se me ha dado bien. El caso es que van los dos por la acera, hablando a voces, driblándose el uno al otro golpeando con el empeine un buen trozo de ladrillo de los de nueve agujeros.
Los críos no miran por donde van. Patean, chutan, descascarillan sin conocimiento ninguno su calzado deportivo y el ladrillo. No se fijan en los demás peatones, o en los vehículos que están aparcados. En un momento dado, uno de los dos se da cuenta de que uno de los lados del ladrillo está tan afilado que podría clavárselo, así que llama la atención de su compañero y, de un puntapié, lo lanza hacia el medio de la carretera. Para ver qué pasa si lo pilla un coche. Se echan a reír. Entonces se percatan de que los estoy mirando, se vuelven a reír y aprietan el paso. Un coche, en efecto, pasa por encima del ladrillo y lo destroza, sin daños aparentes en el neumático. Pero el ruido seco, el chasquido de la arcilla, les hace correr hacia la esquina.
Igual que el hombre mayor me recordaba al abuelo, me pregunto si los enanos estos me recuerdan a mí. Porque mientras que el primero me resulta entrañable, a los segundos los cogería por el cuello y les haría cargar con un palé de ladrillos por toda la Circunvalación. Dos veces. Creo que sí, que de pequeño también fui un poco trasto -el chiquillo no es malo, es revoltoso, inquieto, que decían las abuelas-. Como los dos protofutbolistas, también debí ser un poco gilipollas. Por suerte, uno crece y puede deshacerse de esa gilipollez como se deshace del acné, del pelo y los abdominales. Aunque se ve que no todos lo consiguen.
¿Puede el paso de los años convertirnos de críos insufribles a venerables ancianos? Mi abuelo apenas me habló de su niñez, así que no tengo ni idea. Tendré que preguntarle al abuelo de las cuerdas la próxima vez que lo vea. Y a los padres de los dos elementos estos, también debería dedicarles unas palabras...


El Pueblo de Albacete, 29 de octubre de 2012

lunes, 2 de julio de 2012

Ponme las largas otra vez, Sam

La pasada noche llevé un vehículo pegado al culo con las largas clavadas en el cogote. Era su forma de hacerme entender que él era un ser superior, por encima de los códigos de circulación y del resto del tráfico y de los simples mortales. No es la primera vez que me ocurre, de hecho, por la hora y la carretera -la de Ayora-, no descarto que se trate del mismo imbécil.
Es sintomático de esta vía, cuya velocidad máxima es de 90, que los coches vayan o vengan más rápido de lo conveniente; pero hay unos cuantos personajes especialmente peligrosos y estúpidos a los que les gusta pisar el acelerador a fondo, adelantar a lo loco a cualquiera, y para colmo, putear al resto de conductores que no les siguen el juego.
De vuelta a casa, me incorporé a la carretera. El otro, que por descontado venía muy por encima de los cien, tuvo que reducir para no subírseme encima, y desde que me puse por delante, largas que te crío y violando la distancia de seguridad hasta el puente de entrada a Albacete. Luego torció y desapareció, dejándome la impresión de sus faros reflejados en los retrovisores clavada en las retinas, y una cierta sensación de desasosiego. Realmente, lo que me hubiera gustado era echarme a un lado, parar el coche y meterle por la garganta hasta que le asomara por el culo la garrota de nogal del abuelo que llevo en el maletero. Pero claro, uno está medianamente civilizado y no tiene espíritu de Mad Max.
Hay que tener en cuenta que esta recta soporta un respetable volumen de circulación -y por eso no podía adelantarme, como supongo ansiaba-, con profusión de tractores y autoescueleros. También que -estoy seguro- esta carretera tiene la tasa más alta de perros y gatos atropellados -todas las semanas cae uno-. Asimismo, hay que recordar que, en el primer kilómetro de la CM-332 desde Albacete el límite es de 50 km/h. Y para colmo, los arcenes suelen estar repletos a casi todas horas de ciclistas de todo pelaje, desde profesionales a tonys dominguers. Con todo esto, lo de hacer el hijoputa con el coche por aquí no debería ser tan fácil ni tan común. El día menos pensado encontraremos que las habituales tripas esparcidas por tierra -en serio, mueren muchos animales aqui- pertenecen a una persona.
Pero estos siniestros pensamientos no caben en la mente de los psicópatas del volante. Ellos son dioses con prisa, dictadores del asfalto a cuyo paso deben abrirse los carriles y el resto de vehículos como las aguas del mar Rojo ante Moisés. Ay de aquel que se atreva a desafiarlos, pues sobre él caerá la furia de su conducción temeraria, sus faros de xenon y sus insultos. Es gracioso, porque este espíritu cabrón es independiente del tipo de vehículo que se lleve, desde el coche grande y caro, al turismo gorrinero, del camión de reparto al autobusero. Da igual, porque lo que aquí se está midiendo es la voluntad, y la razón, y esta gente, como los fanáticos y los terroristas, creen tenerla de su lado. Los demás somos subhumanos, escoria lenta, meros obstáculos en su camino... ¿Hacia dónde? ¿Adónde corren estos idiotas con tanta prisa? ¿Acaso en su ruta no hay señales de stop, ceda el paso, cruces, semáforos, peatones, u otros coches que les hagan ralentizar, o detener su marcha? ¿Solo yo me interpongo en su camino? ¿Su vida es más importante que la mía, y por eso no les importa joderme y ponerme en peligro con tal de que ellos no pierdan cinco minutos más al volante de su querido vehículo?
Pues no. Así que, amigo, tú sigue poniéndome las largas otra vez, si eso te hace sentir más hombre. Ponlas, y a ver qué pasa. No deseo que te mates, ahora no. Pero puede que, un día de estos, te pille la Guardia Civil y te cruja vivo la cuenta corriente. O un radar de esos con afán “disuasorio” y “no recaudador”. O puede que alguien te disuada en persona y te haga crujir las costillas con un metro veinte de nogal.



El Pueblo de Albacete, 2 de julio de 2012

miércoles, 27 de enero de 2010

Acosado por Vodafone

Pues sí, amigos, esa gran compañía que tanto y de tan buen rollo promete en sus anuncios me ha sometiendo a una campaña de acoso telefónico que me ha sacado de mis casillas. Sé no soy ni el primero, ni el último, no sé cómo acabará esto, pero desde luego, dado que la ley no puede protegerme (tras arduas consultas interneteras y telefónicas que incluyen abogados y policías) sólo me queda denunciar públicamente mi caso.
A lo largo del día 18 de enero recibí unas veinte llamadas repartidas entre dos números: el primero, 986980070, y el segundo, por supuesto, un NÚMERO PRIVADO. Las llamadas se sucedieron en intervalos de 30 o 45 minutos. Les rechacé las llamadas, les colgué y finalmente, dado que no captaban la indirecta, finalmente descolgué para explicarles que NO ME INTERESABA nada de lo que quisieran venderme.
Conseguí hablar con tres personas, que se identificaban siempre por su nombre de pila, sin apellidos, y de parte de un servicio de atención al cliente de Vodafone (debe ser el servicio de putear al cliente). A los dos primeros los logré interrumpir, les repetí por activa y por pasiva que sus servicios no me interesaban, y que ya soy mayorcito para ir a una tienda, a internet, o hasta llamar yo mismo al 123 si quiero algo de ellos. Ninguno lo entendió (¿cómo dise, señor garsía?). además, añadí que hicieran el puto favor de sacarme de su lista informática porque NO ME INTERESA que me llame nadie una y otra vez para venderme algo que yo no quiero comprar.
Acto seguido, y con la vena de la sien palpitante, llamé al servicio oficial de Vodafone, al dichoso 123, donde el primo de los otros dos me atendió con educación los primeros cinco minutos, para luego ir perdiendo los papeles a lo largo de la larga, larga conversación que he tenido para repetir, ya ronco, que NO DESEO QUE ME LLAMEN PARA NADA.
Recurrí a la razón, a la amenaza, a la legislación y aunque, en este caso, al final logré que el tipo me asegurase que tomaba nota de mi reclamación y que no tenía de qué preocuparme nunca más, pasada una hora mis queridos amigos volvieron a torturarme. Puedo asegurar que casi me da un ataque de ansiedad ( y encima en el trabajo).
Esta última vez les dejé que me contasen de carrerilla su oferta, todo muy educado, y cuando les dije que NO ME INTERESA, y QUE NO ME VUELVAN A LLAMAR, se pusieron bordes y acabé colgando.
Entre otros sitios, llamé a la Policía Nacional. su consejo fue que descuelgue y los deje hablar hasta que se aburran y cuelguen ellos. Me dijeron que puedeodenunciar lo que quiera, pero que va a servir lo mismo que cuando denuncié el robo de la bicicleta (no me lo han dicho con estas palabras pero casi).
Lo cierto es que el consumidor está desamparado ante este tipo de abusos. Yo no tenía quejas de mi servicio, no más de las normales, pero esto no tiene nada que ver con el contrato de una línea telefónica, es ACOSO, TORTURA, con REITERACIÓN y ALEVOSÍA. O, para entendernos, HIJOPUTEZ PURA Y DURA.
Una semana después, cuando reviso y termino este post, tengo que decir que no he vuelto a recibir llamadas de estas, gracias a dios, pero no sé si se debe a que realmente ha funcionado mi pataleta o sólo es una breve tregua. Esperemos que sea lo primero, pero lo dudo...
Lo curioso de todo es que, según me decían, me llamaban porque era un buen cliente, lo cual me hace preguntarme qué trato dispensan a los malos (¿No los llaman?, poque si es así dejo de pagar la factura puntualmente pero ya).
También he leído en varios foros, a los que me gustaría no dar crédito, que los de Vodafone suelen tomar sutiles represalias contra tipos como yo. De momento no he notado nada raro, salvo una extraña tendencia a que se me corten las llamadas (entrantes y salientes) en los primeros diez segundos. No quiero ser paranoico, y prefiero pensar que se trata de problemas de cobertura o del aparato, pero estaré atento...
Políticas de calidad de Vodafone (ver aquí) que claramente se pasan por el forro de los cojones:
El modelo de Gestión de la Calidad adoptado por Vodafone desarrolla e implanta su Política de la Calidad que se basa en los siguientes principios:
  1. La calidad de los productos y servicios, y la satisfacción del cliente, incluido el interno, es un objetivo imprescindible, permanente y prioritario. Esta cultura de servicio al cliente debe ser un convencimiento y el marco de referencia a tener permanentemente en cuenta por cada una de las personas de la compañía, para potenciar relaciones estables y duraderas con los clientes actuales y para conseguir nuevos clientes. (Si esto es así, por qué no me hacéis ni puto caso)
  2. Establecer canales de comunicación eficaces con los clientes que propicien la integración con éstos para definir y adaptarse a sus necesidades y expectativas, proporcionarles los mejores productos y servicios, y conocer su nivel de satisfacción. (Creo que está bastante claro que sus canales de comunicación no funcionan y cuál es ahora mismo mi nivel de satisfacción)
  3. Buscar la excelencia y la mejora continua, mediante la identificación de las oportunidades de mejora tanto en la prestación de servicios de telecomunicaciones como en las relaciones con los clientes, orientando los esfuerzos, además de a controlar y corregir las no conformidades, a prevenir sus causas, con una perspectiva de optimización como objetivo final. (¿Controlar qué, corregir cualo?)
  4. Realizar sistemáticamente mediciones de la calidad, recogidas de información y análisis de datos, ya que la búsqueda de la mejora de la calidad debe ser realizada basándose en datos objetivos del nivel de calidad alcanzado, y con realimentación constante que permita la identificación y aplicación de las mejores prácticas. (Pues recoged esta crítica y tenedla en cuenta para el futuro)
  5. El factor humano es fundamental en la implantación de la Gestión de la Calidad, ya que ésta sólo puede conseguirse con la comunicación, participación activa y trabajo en equipo de todos los niveles y unidades organizativas de la compañía. (Eso díganselo a quien contrata a sus teleoperadores)
  6. Proporcionar formación e información, planificada y permanente, en las técnicas de calidad a todos los niveles, ya que la consecución de la calidad requiere personal altamente cualificado, motivado, que sienta orgullo tanto por el trabajo bien realizado como por su pertenencia a la compañía, y que esté comprometido con la misión y los valores de ésta. (Ídem que la 6)
  7. Integrar a los suministradores y canales de distribución indirectos en el compromiso de la calidad, de forma que constituyan un elemento más en la cadena de servicio al cliente, basándose en el principio de mutua colaboración en el desarrollo de intereses comunes. (Señores ejecutivos, llamen ustedes mismos al 123 y me cuentan)
Enlaces de interés:
http://www.pymesyautonomos.com/marketing-y-comercial/la-defensa-contra-el-spam-telefonico-graba-tus-conversacione
La ley antispam existe desde diciembre de 2009:
-El Congreso aprueba una ley que prohíbe el 'spam' telefónico y la competencia desleal en publicidad
-Aprobada la ley que prohíbe el spam telefónico
-Aprobada la Ley contra spam telefónico y otras conductas comerciales agresivas
-Aprobada por unanimidad la Ley contra el ‘spam’ telefónico y otras prácticas comerciales agresivas

Reto Fanzine 2025. ¡Que 20 años no es nada!

Que sí, que este año hay Reto Fanzine. Cómo no iba a celebrarse si cumplimos, ahora sí que sí, ¡dos décadas! La tardanza en publicar esta co...